Combeferre estaba fichado. Tenía una larga lista de antecedentes. Estaba todo en el expediente que Enjolras tenía frente a él, abierto sobre el abarrotado escritorio del inspector Javert.
―A estos otros se los relaciona con él –le dijo el policía dejando más expedientes junto al primero.
Enjolras los miró por encima. Se detuvo en la cuarta o quinta ficha y maldijo entre dientes.
―Este chico ―dijo mirando la fotografía― se me ha acercado en la calle esta tarde. Quería usar mi teléfono.
Javert asintió y le pidió que siguiera mirando. Lo que Enjolras más temía era encontrar su propia fotografía en aquellos expedientes, pero no fue así. Por desgracia, Montparnasse tampoco estaba, y si no estaba fichado no podrían identificarlo ni siquiera por las huellas que la policía científica estaba buscando.
Apartó los expedientes y se quedó mirando el de Combeferre. Por eso no quería llamar a la policía. Porque era "complicado". Pero el perro desde luego no mentía, y contra todas las evidencias posibles, algo le decía que él tampoco. Algunas cosas no se pueden fingir. Alguien que fingiera hubiera intentado besarlo, pero a Combeferre le dolía hasta mirarlo a la cara.
De acuerdo, en eso no mentía, pero era un delincuente fichado y eso no decía nada bueno sobre Enjolras.
―¿Qué ha hecho? –se atrevió a preguntar.
―Es un criminal político –le respondió Javert―. Él y todos esos.
―¿Es un terrorista? –dijo Enjolras, alarmado.
Javert negó con la cabeza.
―No han cometido actos violentos hasta ahora.
―¿Pues qué es un criminal político? –exigió saber Enjolras.
Los delitos políticos no existían en el país hasta hacía pocos meses, y nada de lo que veía en la lista de antecedentes parecía un crimen de verdad. ¿Asociación ilegal? ¿Alteración del orden público? ¿Resistencia a la autoridad? Medio país había participado en aquellas protestas, por muy ilegal que fuera manifestarse ahora. ¿Eran todos criminales políticos? ¡Venga ya! Tenía que haber algo más, algo turbio si estaba relacionado con Montparnasse.
Además, lo habían estado siguiendo; habían estado en su casa y hasta sabían lo de Grantaire. Puede que estuviera en peligro.
―¿Puedo usar su teléfono? –pidió. Su móvil lo tenía Combeferre, otro estúpido error que le daba acceso a casi toda su vida.
―Por supuesto ―asintió Javert―. Pero hablemos de ti primero.
―¿Cuántas veces tengo que decirle...?
―Dímelo una más. A ver si esta vez consigues que me crea que la primera persona que te reconoce no te ha dicho tu nombre y que tú no se lo has preguntado.
Enjolras le sostuvo la mirada. No despegó los labios.
―Lo entiendo ―dijo Javert―. Temes haber tenido problemas con la policía en el pasado.
―No, señor. Lo que temo es tenerlos ahora.
―Estoy aquí para ayudarte ―le aseguró el inspector.
―¿A qué? ―replicó Enjolras secamente―. ¿A resolver su caso y ponerse otra medalla? Usted me acusó de estar fingiendo.
―Lo recuerdo ―asintió Javert con aquella actitud impasible que iba a juego con la placa―. Un caso como el tuyo no se olvida. ¿Sabes por qué? Porque es el primero real que he visto en treinta años. ¿Sabes cuántas veces he tenido que oír eso de "tengo la mente en blanco"?
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La corriente dormida | Les Miserables Thriller/Modern AU
Fiksi PenggemarUn raro don. Una página en blanco. ¿Se pueden enterrar para siempre los errores del pasado? *Historia ganadora de los Premios Versalles 2020 en la categoría Fanfiction*