CAPÍTULO 4

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GINA

Es Jueves cuarto día de la semana. Una semana desperdiciada en los mismos deberes: Casa, Trabajo y lecturas.

El día ésta lluviosa. Voy en el transporte de regreso a casa después de un largo día de trabajo con clientes muy intensos, estoy agotada quiero llegar a casa y dormir por horas o mejor aún por siempre.

Afortunadamente no tengo que aguantar a Karen preguntándome todo el camino si voy a ir a la fiesta de mañana, ya que se fue con su nueva cita Mike.

Él la fue buscar en una motocicleta, no le vi la cara al famoso Mike porque tenía un casco, pero sí me di cuenta que tenía una buena motocicleta, de ésas que parecen como deportivas. Me pregunto qué se siente subirse a una... yo nunca he viajado en motos, ni he hecho nada arriesgado...

Aunque me muero por hacer muchas cosas arriesgadas, solo qué para los demás, eso estaría mal.

A veces ciento que no pertenezco a ésta vida, me gustan cosas que no deberían gustarme y esas cosas por lo general son malas.

Supongo que por eso siento que no he aprovechado mí vida, porque no he podido hacer las cosas que en verdad quiero. Esas cosas no son correctas, es por eso que me siento viviendo una vida que no merezco.

Casi pierdo mi parada en el bus por andar pérdida en mis pensamientos. Deprisa me bajo y comienzo a caminar a casa, mojándome con las frías gotas de lluvia que caen del cielo.

La verdad no me gusta usar sombrillas, ni impermeables cuando llueve, de hecho me encanta mojarme en la lluvia.

Llego a casa empapada y nada más al entrar me reciben los gritos de mis padres que están otra vez peleando, como de costumbre. Peleas que comienzan con cosas absurdas y terminan en un infierno de insultos y agresiones.

Cuando era niña solía llevarme bien con papá, yo era su princesa consentida. Mi mamá siempre fue muy controladora y su favorito siempre fue Ale, mi hermano.

Hasta que cumplí 13 años la relación con mi padre comenzó a cambiar, no solo conmigo también con Ale. Diariamente discutíamos y me golpeaba. Al principio dolía, pero con el tiempo dejo de hacerlo y a medida que pasó el tiempo pude empezar a defenderme.

Las peleas también eran con mi hermano, pero a diferencia de mí, él contaba con mamá. Ella siempre lo protegía. En cambio yo... yo era la que se merecía las palizas. Pues yo simplemente callaba y aguantaba cada vez más, pero tanto rencor y odio acumulado debe drenar por cualquier lado, o si no podía tener un colapso mental.

Así que mi manera de drenarlo era haciendo daño, pero como nadie merecía salir dañado por mis problemas, pues me hacía daño a mí.

La primera vez que intenté suicidarme tenía 14 años, tomé un frasco de pastillas con alcohol pero sólo conseguí 3 días en el hospital y más sermones en casa.

Desde los 14 a los 18, lo intente 10 veces. Hasta que simplemente ya no lo intenté más, pero si seguía haciéndome daño.

En mis momentos de ira, tomaba una navaja o un cuchillo y comenzaba a cortarme. Las piernas, el abdomen y otros lugares donde lo pueda ocultar de los demás. Mi cuerpo está lleno de cicatrices. Unas más claras que otras, pero allí están.

La verdad en ése momento no siento dolor, todo lo contrario es realmente una manera de desahogarse.

Me relaja ver cómo la sangre brota con cada corte.

Hace mucho tiempo que no lo hago, la última vez fue hace dos años. Fueron tres cortes, las tres cicatrices más oscuras que tengo.

Tres cortes en diagonal justo por encima de mis costillas, ya todas las demás están sanadas sólo son perceptibles al tacto o muy de cerca si te fijas bien, y pues la verdad nunca dejo que nadie se acerque lo suficiente.

INESTABLE ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora