"Aquello de lo que no te despides se queda contigo"

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Cierro la llave de la ducha, me envuelvo en una toalla, al salir me quedo por un momento parada frente al espejo y veo mi reflejo: mi cabello está escurriendo, mis grandes ojos no tienen el brillo de siempre y están hinchados y rojos por el constante llanto, veo mi medallón y le doy vueltas, no entiendo como algo tan pequeño puede protegerme, dirijo la mirada a mi cuello; ahí está, esa estúpida marca que parece no sanar jamás, me paso la mano por ella, me duele, cierro los ojos e inhalo profundo, no tengo más fuerza para llorar, si fuera posible creería que mis ojos están secos y no tienen una lágrima más que derramar, he llorado todo lo que no lloré en estos 22 años, me siento agotada en cuerpo y mente, agacho la cabeza y me recargo con una mano en la pared del baño, un mareo azota mi cuerpo, me quedo en esa posición por algunos instantes, al notar que ya no está muevo la cabeza de un lado a otro y bostezo, pienso que es normal sentirme así debido a la anemia y me desperezo.
Llegó la hora de arreglarme para encontrarme con el Padre Gabriel, no pongo empeño en elegir mi vestimenta, desde hace días siento como si todo de repente perdiera color, como si nada me llenara o pudiera hacer feliz y es horrible, me quedo de pie frente al armario observando, escojo un suéter de punto negro, un pantalón de mezclilla del mismo color y unos tenis a juego, no me maquillo, ni la mejor base podría esconder las ojeras con las que cargo, opto por recoger mi cabello en un moño, estoy lista al menos por fuera, algo dentro de mí siente aversión a continuar con todo este desastre, pero otra y es la mayor quiere llegar al fondo y librarse de lo que me acompaña.
Bajo las escaleras de la casa y no veo a nadie, se encuentran en el trabajo y escuela respectivamente, dejo una nota en la barra de la cocina:

"Mamá, voy a casa de Yuz, no tardo.
Besos"

Al salir percibo un poco de frío que recorre toda mi espalda, me abrazo a mí misma y comienzo el recorrido, tengo la sensación de que alguien me observa, cada unos cuantos pasos volteo para asegurarme de que nadie me sigue, son las 11:50 a.m, voy con un poco tiempo de sobra, aminoro el ritmo, ya puedo ver la iglesia.
Al momento de observar hacia ambos lados de la calle para cruzar siento como alguien pasa una mano en mi hombro, se siente helada y todo un escalofrío me recorre, al momento me niego a voltear, aprieto los puños y los dientes, tomo mi medalla con fuerza y me concentro en la imagen que está grabada en ella, pasan algunos segundos y me doy la vuelta, no veo a nadie, trago saliva y cruzo la calle, ya no sé como reaccionar ante estas cosas.
Alzo la mirada y puedo ver a Gabriel, está fumando, no lleva el habito, algo que me extraña en gran medida pero decido ignorar, me acerco a él y me saluda:

-Hola mi niña ¿Cómo pasaste la noche? Te ves agotada- Me estira la mano y yo la estrecho. Decido ir directo al grano y contarle todo mi sueño de anoche.

-He tenido más pesadillas, esta vez fue una diferente, fue como si a través de mis sueños pudiera ver lo que parece ser mi pasado, llegué a una memoria de mi infancia, quizás a mis 4 años, soñé con el padre de mi padre, el abuelo Alejandro, vi como mi mamá y papá peleaban porque el abuelo nos encerró con él a mi hermano y a mí en el sótano y al parecer cuando ella irrumpió todo estaba oscuro y lleno de velas, yo estaba en medio de un círculo de ellas, mi madre le exigía a mi papá enfrentar a mi abuelo pero cuando el abuelo y este hablaron parecían estar de acuerdo en lo que había pasado, dijeron algo respecto a que tenían que terminar lo que empezaron antes de que yo cumpliera 5 años y que ambos conocían las consecuencias de no acabar con "el proceso", Alejandro, mi abuelo, mencionó que se había quedado a tres pasos de culminar lo que estaba haciendo, después todo cambió de un momento a otro y me encontraba forcejeando para liberarme de algo que me arrastraba dentro de un charco de lodo, en el estaba el cuerpo del abuelo a media descomposición, cuando desperté estaba aterrada como era de suponerse; pero al momento de querer levantarme vi esto- dije señalando y descubriendo mi tobillo- No sé que pasó, se sintió muy real y tengo la sensación de que no solo se trata de un sueño si no de algo que realmente pasó, no logro recordar lo que mi abuelo me hizo con exactitud pero tengo el vago recuerdo de estar en el sótano de mi vieja casa y muchas velas en torno a mí.

"En mis entrañas"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora