Sombras.
Sombras por todas partes. Sombras con sus dientes de garfios y garras de estacas, sombras salvajes deseosas de rasgar carne y derramar sangre a cada paso; sombras con un único objetivo, no descansar hasta que él cayera sin vida a sus pies.
El joven las llevaba evitando durante varios días. Era ágil y poderoso, ellas lo sabían bien, varias de sus tropas habían caído bajo su mano. Sin embargo, los fuertes se acaban agotando , y el mestizo lo estaba desde hace mucho.
Su poder se había esfumado básicamente al segundo día de persecución, y ya se encontraban en la quinta noche desde entonces.
Hasta ahora había podido aguantar dando esquinazo a sus perseguidores y deteniéndose a descansar cuando podía permitírselo; ahora ese lujo le estaba vetado debido a la escasa distancia que le separaba de ellos.Éstos eran tres, eso lo sabía desde hace tiempo, pese al número no podía subestimarlos, eran los más astutos y tenaces, y los más peligrosos ya que en ellos ardía con más fuerza el deseo de vengar a sus compañeros caídos.
En cuanto a él, simplemente sabía que iba a morir.
Conocía su destino desde que puso un pie fuera de la torre, lo sospechaba al idear aquel infructuoso plan.
Las heridas producidas le pasaban ahora factura, mermando sus intentos de escapar. Tenía los músculos agarrotados por el esfuerzo realizado, y el cansancio y el sudor le nublaban la vista.
Parecía que los brazos de la muerte ya empezaban a poseerlo.
Podía simplemente caer y dejarse morir, pero no iba a permitirlo. A ella no le hubiera gustado eso, ella hubiera preferido verlo luchar y caer con honor; lástima que lo hubiera perdido hace tiempo. Evocó su imagen, y se aferró a ella como un náufrago flotando a la deriva. Contempló su rostro y su sonrisa el último día que la vio, o por lo menos el último día que ella pudo reconocerle.
Se sintió avergonzado, sabía que no la merecía; aún así no pudo evitar saborear el recuerdo, ni evitar esbozar una amarga sonrisa.Seguía soñando despierto cuando una extraña fuerza llamaba su atención, notó una luz que llenaba su mente y que le recordaba demasiado a cierta persona. Sabía que no podía ser ella, pero iba a morir pronto así que no le quedaba nada que perder. Giró bruscamente y se internó en el bosque donde se encontraría su destino.
Perdido como estaba en sus pensamientos no notó cómo una de las sombras armaba un arco, antes inexistente, y le disparaba una flecha de afilada punta que, rápida y certera se clava en su pecho; o eso habría hecho si éste no hubiera seguido su instinto. Pese a sus esfuerzos no pudo evitar que le rasguñara el brazo.
Él ni se inmutó, se limitó a apretar los dientes y a continuar su carrera forzada por los caminos agrestes que surcaban el bosque.Estaban más cerca de lo que pensaba, pero, con suerte, su inexplicable reacción parecía haberles confundido unos segundos que, bien aprovechados, podían resultar de un valor incalculable.
Observó el entorno que le rodeaba atentamente, la noche se cernía sobre él y creaba un velo penetrante que habría cegado a cualquiera, sin embargo él podía identificar perfectamente las siniestras figuras de árboles que alzaban sus secas ramas a un cielo oscuro. Poco a poco, la espesura se iba despejando, mas él seguía corriendo, evitando los troncos y raíces que entorpecían su camino. Los arbustos de espinas hostiles fueron remplazados por una densa hierba verdosa; y entre las ramas se podían entrever unas luces que parecían provenir de una antigua mansión.
En lo más profundo de su ser sintió que ese era su destino. Bien pensado podría ser el último.Fue siguiendo la tenue luz que se filtraba entre las hojas de la foresta hasta llegar a su destino.
No pudo evitar soltar un resoplido de enfado al comprobar que el edificio contaba con un muro defensivo que rompía rápidamente todas sus esperanzas. Éste estaba constituido, en su primer metro y medio, de una sólida mezcla de piedra y ladrillo ; después continuaba con unas altas barras de acero, cada una rematada con una afilada punta. Sabía que no disponía de mucho tiempo, y los pasos de sus captores empezaban a hacerse oír.
Examinó atentamente la valla, intentando encontrar algún tipo de ventaja que pudiera servir a su favor. Pronto se dio cuenta de que la verja de metal estaba soldada al muro a unos centímetros de su límite, dejando una considerable ventaja. Aunque era consciente de que debido a sus escasas fuerzas no funcionaría, trazó un simple y rápido plan.
Se volvió para comprobar el tiempo restante, y comprobó, no sin cierto temor, que los separaban menos de cincuenta metros.Se apartó de la valla y examinó la distancia que les separaba hasta quedar satisfecho, entonces corrió hacia ella y se apoyó en el límite de la piedra dando un potente salto, estaba a punto de conseguirlo. Sintió un agudo dolor y aterrizó aparatosamente. Intentó incorporarse, pero al intentarlo la pierna derecha le falló.
Maldijo por lo bajo y se apresuró a examinar la herida; tenía un largo corte en la rodilla, pero podía haber sido peor, la pica solo se había limitado a rajar la bota hasta el fin de ésta, donde al fin había conseguido dañar la piel. Se levantó rápidamente apoyándose en su pierna buena, haciendo caso omiso del dolor que le producía la herida.Al menos había conseguido pasar, se dijo. Al hacerlo recordó lo que le había llevado hasta ahí y se puso a investigar su entorno minuciosamente, intentando encontrar el camino correcto.
No consiguió nada, así que cerró los ojos y se sumió en la calma de su interior, pidiéndole consejo. Sí, ahí estaba. La verdad es que en el poco tiempo que había pasado la había extrañado mucho. Despertó rápidamente de su trance y se alejó corriendo hacia la izquierda, donde sabía que hallaría alguna respuesta. Pronto se vio correr entre setos de pálidas rosas y entre majestuosas fuentes, antaño orgullosas, de las que ahora apenas manaban unos tenues hilillos de agua. Se notaba que era un sitio que, pese a su estado melancólico, había sido únicamente construido para la relajación y el descanso. Lamentó no pararse a admirarlo como lo merecía.
Siguió corriendo lo máximo que sus limitadas fuerzas le permitían hasta que, momentos después, escuchó un golpe seco a poca distancia de él. La sangre se le congeló en las venas al descubrir que sus perseguidores acababan de derribar la verja,y ahora se dirigían hacia el con más fuerza que nunca, exaltados por la proximidad de su objetivo.
Ya podía ver la siguiente esquina de la casa, su plan inicial había sido rodearla y, si no notaba nada, volver a salir y alejarse lo máximo posible de la mansión para poder ofrecer la poca resistencia que podía sin molestar a los inquilinos.Pero esa opción había quedado descartada.
De repente notó una perturbación y apenas tuvo tiempo de girarse antes de recibir un fuerte golpe en el costado, el ataque le dejó aturdido y las sombras aprovecharon su debilidad. El impacto sucesivo fue más fuerte y le estrelló contra el muro, dejándole sin respiración. Se levantó pesadamente y comprobó que estaba completamente acorralado.
Ahora las sombras le observaban con miradas de ira, furia y sobre todo satisfacción, satisfacción por haber cazado a la presa.
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Las sombras de Alicia
RandomAl principio las sombras eran sólo eso, sombras. Burdas imitaciones de algo que nunca podrían ser. Destinadas a ser pisadas, intangibles, olvidadas... Ahora tienen lo que querían, los cuerpos que siempre les habían quedado vedados. Cuerpos oscuros p...