Capitulo 2: Primeras impresiones

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El carruaje se detuvo lentamente, haciendo que los caballos cabecearan impacientes. El cochero hizo un movimiento y los animales volvieron a la tranquilidad.
Un golpe se oyó en la puerta del transporte y Taehyung asomó su cabeza.

-Hemos llegado- la voz firme de Namjoon se hizo oír.

Jimin bufó con exasperación. Hubiese deseado que el viaje durara al menos tres días más para no tener que enfrentarse a aquello.
Nam acomodó el escalón y alzó su mano para ayudar al príncipe a bajar.
Jimin observó el imponente palacio que se erguía frente a él.
Estaba acostumbrado a los lujos, había crecido en un magnífico castillo, pero aquel lugar era sumamente distinto.
Se bajó lentamente del carruaje intentando tardar el mayor tiempo posible, pero nada era suficiente, ya estaba allí y no podía dar marcha atrás.

Miró a su amigo quien lo veía con algo de pena, como si lo hubiese llevado hasta el mismísimo infierno.
-No me mires así, tu no eres el culpable, ese solo es el hijo de puta de mi padre- las palabras de Jimin salieron con veneno.

-No puedo evitar pensar que debería haber cambiado el rumbo y haberte llevado lejos de aquí- exclamó Namjoon.

-Ya estamos aquí, y nos hubiesen matado a todos si no hubiésemos llegado- comentó Tae mientras bajaba también.

Nam lo miró seriamente, sabía que sus palabras eran certeras.
Jimin recorrió con la mirada aquel lugar, sus columnas bañadas en oro, la impactante alfombra roja que cruzaba todo el frente hasta las escalinatas, los monumentos de mármol, la arboleda que lo rodeaba, absolutamente todo era algo inimaginable.
Se notaba a simple vista que aquel palacio había tenido una época de esplendor pero aún con el pasar de los años seguía viéndose magnífico.

El estridente sonido de un tambor lo sacó de sus pensamientos entonces enfocó su vista al frente.
Una guardia de más de cuarenta hombres uniformados marchaba en línea recta hacia él y su grupo. Los hombres abrieron paso en medio para dejar ver la impactante figura de un hombre que caminaba con seguridad y seriedad hasta él.

El emperador detuvo su andar a unos cuantos metros de distancia, observando con una mirada oscura a quienes tenía enfrente.
Cada uno de los guardias junto con los lacayos se arrodillaron ante él con suma reverencia apoyando cada cabeza en el piso. Taehyung, Namjoon y el cochero imitaron el acto, arrodillandose frente al emperador.

Jimin fijó su vista, acomodó su cuerpo y levantó aún más su rostro ante aquel hombre.
El emperador acortó la distancia entre ambos, sin quitarle ni por un segundo la vista de él.
Carraspeo para que luego su voz impregnara el silencio mortal que de repente se podía oír.
-Veo que no tienes los modales necesarios ante una figura de autoridad- esbozó con una mueca que parecía ser una sonrisa.

Jimin siguió con su postura, y antes de hablar, alzó aún más su barbilla, como retando a aquel hombre que pedía sumisión.
-¿Qué puedo decir? Quizás no me hayan educado para estar frente a un emperador- respondió con sorna en su voz.

- Es raro, creí que usted provenía de una de las mejores familias de Corea- dijo acercándose aún más al príncipe y dando una vuelta completa alrededor de este.

Namjoon y Taehyung se miraron con preocupación. Llevaban apenas unos minutos allí y Jimin ya estaba siendo un grano en el culo del emperador.

-Ya sabrá usted, no siempre tener fortuna nos convierte en grandes personas- espetó para luego volver a mirarlo.

El emperador lo miró en silencio. Parecía que quería grabar la imagen de ese pequeño doncel que lo estaba provocando de manera descarada.
-Bueno, estoy seguro que aquí aprenderá lo necesario para convertirse en un príncipe adecuado- soltó mientras se detenía frente a Jimin haciendo que entre ellos solo existiera el espacio suficiente para la circulación del aire.

Jimin retuvo el aroma de Min en sus fosas nasales, de cerca parecía muy joven, no parecía el tipo de hombre que había intervenido en cientos de batallas y había matado a miles de personas.
Su cabello rubio y lacio estaba reunido en la coronilla de su cabeza en un simple moño, su atuendo era negro con bordados dorados que formaban intrincados dibujos. Sus ojos oscuros como la noche y una cicatriz que surcaba el lado derecho de su rostro. Blanco, como la nieve, pensó Jimin, llegando casi a la palidez, labios finos y rosados y una sonrisa burlona que dejaba entender que todo lo que quería lo había conseguido.
Jimin pensó que él debía ser la excepción, él no se convertiría en el nuevo juguete de aquel ser.
Cuando el príncipe boqueo en busca de aire Min se acercó a su oído, hablando en un susurro suave pero firme.

-Adoro los desafíos, son lo único que me entretienen, y usted querido príncipe está muy equivocado si cree que con una actitud altanera y su falta de respeto harán que tome la decisión de enviarlo nuevamente a su reino, esta sumamente equivocado. Yo mismo me encargaré de doblegarlo y hacerle entender que este es su destino, porque yo Min Suga emperador y rey de todo Corea así lo he decidido-

Un paseo por el jardín Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora