Viviana siente que ha perdido la batalla mucho antes de que el cáncer apareciera en su vida. Atrapada entre los errores del pasado y una depresión que la consume, cada día le parece un peso imposible de levantar. Pero cuando un evento inesperado la...
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Pamela irrumpió en el dormitorio junto a una nueva paciente. La chica era bastante delgada, una oscura melena rizada caía sobre sus hombros y sus ojos negros infundían desprecio. Mis amigas y yo quedamos boquiabiertas.
—Chicas, ella es Teresa y será su nueva compañera. Espero que se lleven bien —comentó la enfermera, sonriente.
—¡Así será! —expresamos al mismo tiempo.
Pamela se marchó a atender otros asuntos. Reinó el silencio.
—Bienvenida, Teresa, es un placer conocerte —dije en tono amable.
Ella reviró los ojos y no articuló ni una sola palabra. Al parecer, era una de esas personas asociales que preferían realizar sus actividades en completa soledad.
—Oye, ¿te sientes bien? —preguntó Sharon, intentando romper la tensión.
—Sí. ¿Por qué? —Nos miró con desdén.
—¿Por qué respondes así? Solo queremos saber si te pasa algo.
—Es un lindo gesto de su parte, pero, por favor, déjenme en paz. No me molesten.
—Respetamos tu petición —repuso Francini con desinterés.
Teresa guardó silencio y comenzó a acomodar su camilla. Era tan fría, callada y, sobre todo, complicada.
Continuamos con el juego, sin embargo, la incomodidad era innegable. Teresa terminó de organizar sus pertenencias y caminó hacia el ventanal. La veía constantemente por el rabillo del ojo, ya que me preocupaba que cometiera una estupidez. Minutos después, corrió hacia el baño y se encerró con llave. Con suma cautela, nos acercamos a la puerta.
—Oigan, no sean chismosas —dijo Francini, moviendo la cabeza como gesto de desaprobación.
—No logro oír nada —susurró Sharon, apoyando su oreja contra la puerta.
—Parecen esas viejas cuenteras de las vecindades que siempre andan al pendiente de la vida de los demás.
—Tienes razón...
Estábamos tan concentradas discutiendo, que no nos percatamos cuando Teresa quitó el seguro de la puerta y la abrió de golpe. Caímos una sobre otra como las piezas del dominó. La chica no contuvo el enojo.
—¡¿Qué están haciendo?! —exclamó, frunciendo el entrecejo.
—Nosotras, bueno... —tartamudeó Fiorella.
—¡Preocúpense de sus propios problemas!
—Lo sentimos, solo nos preocupamos por ti, ¿acaso eso no es lo que hacen las amigas? —le expliqué con una voz dulce.
Teresa cayó de rodillas y rompió a llorar. Las demás y yo la abrazamos como muestra de comprensión.
—Siempre me he sentido sola en este planeta tan cruel y egoísta. Nadie ha valorado mi amistad. Mi mente me recalca que no soy una buena persona y es por eso que me alejo —sollozó—. Además, sé que mi muerte está cerca y no lo he asimilado todavía.
—Ignora lo que dice tu mente. Todas en esta habitación te aprecian y se preocupan por ti. Aquí jamás te dejaremos sola. —Le limpié el rostro con una toalla de papel—. ¿De qué enfermedad padeces?
—Tengo sida.
—Sé que es una situación difícil de sobrellevar, sin embargo, actuar de esa manera no cambiará nada; es mejor respirar y buscar apoyo.
—Tienes razón. Me disculpo si fui grosera, no fue mi intención lastimarlas. Al fin y al cabo, no son culpables de mi desgracia.
—Créeme, todas aquí hemos pasado por eso. Entendemos que no es fácil aceptar el hecho de estar enferma y vivir en un hospital lejos de la familia —recalcó Fiorella.
—Gracias por comprenderme, amigas. —Nos dedicó una cálida sonrisa.
—Aquí no hay campo para la tristeza, recuerden eso —recalcó Francini, guiñando el ojo.
Invitamos a Teresa a jugar una partida de dominó y esta aceptó sin ninguna queja.
—Ni crean que me van a ganar —aclaró, haciendo un gesto de superioridad.
—Eso sí que no, niña —bromeó Francini.
Sin duda, esa fue la mejor noche de juegos de mi vida. Tardamos aproximadamente tres horas charlando y divirtiéndonos. Teresa nos comentaba más sobre su vida y he de admitir que esta ha estado llena de dolor y sufrimiento.
Fue un día maravilloso: vi a mis padres y conocimos a una nueva amiga. Hoy aprendí que el amor y la compañía son la mejor medicina para el corazón.
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