Viviana siente que ha perdido la batalla mucho antes de que el cáncer apareciera en su vida. Atrapada entre los errores del pasado y una depresión que la consume, cada día le parece un peso imposible de levantar. Pero cuando un evento inesperado la...
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20 de septiembre de 2012
Han pasado muchos días desde que Francini partió de este mundo. Su muerte nos dejó un gran vacío. Dejé de escribir por un tiempo, ya que mi ánimo estaba por los suelos; sin embargo, ayer mientras esculcaba mis pertenencias, encontré mi diario. Reconecté con la escritura y decidí continuar relatando mi historia. Me quedan cuatro meses de vida; para mi mala suerte, los días pasan a la velocidad de un pensamiento y eso me aterra.
Mis amigas y yo conversábamos en el dormitorio sobre restaurantes y platillos. Una idea repentina se cruzó por mi mente.
—¿Quieren salir un rato de este lugar? —pregunté, sonriendo de costado.
—Por supuesto, ¿qué propones? —dijo Sharon, cruzada de brazos.
—Francini ideó una estrategia para escaparnos sin que nadie se diera cuenta.
En menos de un minuto, les expliqué el plan. Mis amigas lo aprobaron sin chistar.
—¿Les parece si lo hacemos mañana? Ya hoy es imposible —consulté en voz baja.
—Creo que es lo mejor, amiga —contestó Raquel, señalándome con su bálsamo labial—. Ojalá todo salga bien; si nos descubren, estaremos en graves problemas.
Horas más tarde...
Los grandes mercurios iluminaban las desoladas calles de la ciudad. La luz de la luna se colaba por los ventanales y el oscuro cielo de la noche transfería una especie de energía melancólica. El silencio cubrió el panorama. Las chicas descansaban y yo permanecía despierta escribiendo.
Mis ojos comenzaron a cerrarse, me sentía abatida. Decidí regresar a mi camilla para descansar. Recordé que en noviembre comenzaría mi proceso de quimioterapia —si llegara a aceptarlo— y que la operación de Sharon sería el mismo mes. Eso me generaba muchos nervios, ya que no quería que ninguna de las dos muriera en esos procedimientos. Abandoné esos pensamientos que me atormentaban y me enfoqué en escribir.
La vida está llena de maravillas, no obstante, a menudo las ignoramos y nos enfocamos en lo negativo de este mundo. Creo que todos necesitamos cambiar esa forma de pensar.
21 de septiembre de 2012
Las voces de mis amigas me despertaron. Al instante, quité las cobijas y las saludé.
—¡¿Qué hora es?! —pregunté, exaltada.
—Las ocho y media. Veo que te dormiste un poco más de la cuenta, ¿a qué se debe? —Fiorella tomó la bata limpia de la mesa de noche.
—Supongo que es por el cansancio.
—¿Te parece si salimos otro día?
—No, lo haremos hoy —respondí, bostezando—. Iremos a las dos como acordamos.