Viviana siente que ha perdido la batalla mucho antes de que el cáncer apareciera en su vida. Atrapada entre los errores del pasado y una depresión que la consume, cada día le parece un peso imposible de levantar. Pero cuando un evento inesperado la...
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15 de agosto de 2012
Pamela enfermó y fue incapacitada por varios días. Extrañábamos su gran sonrisa y las maravillosas historias que contaba. Fue reemplazada por un enfermero, quien tenía el aspecto de un actor de telenovela. Es una historia tan graciosa que merece ser contada.
El primer día, mis amigas y yo esperábamos el desayuno como todas las mañanas. Nos notificaron que un hombre se encargaría de atendernos y eso nos causaba mucha curiosidad. En un principio, pensé que iba a ser un chico espantoso y de actitud desagradable, sin embargo, superó todas mis expectativas. Un hombre alto, atlético, y de buen porte irrumpió en el dormitorio, conduciendo el carrito auxiliar. Sus ojos azules como zafiros y su voz varonil nos volvieron locas. Supuse que hasta las enfermeras deseaban salir con él.
—Buen día, señoritas —saludó, dedicándonos una bella sonrisa—. Debido a que Pamela se encuentra incapacitada, tomaré su lugar, al menos por un tiempo.
—¡Qué maravilloso es tener a un enfermero como usted! ¿No lo creen, chicas? —expresó Francini, mirándonos en busca de una respuesta.
Las demás asintieron con la cabeza.
—¿Podría servirnos el desayuno, por favor? —preguntó Fiorella, entre risas nerviosas.
—Claro, perdón por la tardanza.
Cada una tomó un plato y su respectivo vaso. Durante esos minutos, admiré su indudable belleza. Pobre, de seguro se sentía incómodo y desconcertado por nuestra actitud.
—Si necesitan algo más, comuníquenmelo. Con permiso. —El enfermero se retiró a pasos acelerados.
El ambiente había regresado a la normalidad: nadie actuaba de manera alocada ni hacía comentarios estúpidos. Sharon inició una conversación.
—Oigan, ¿vieron esos ojos? —susurró Sharon con voz de enamorada.
—Su rostro es más que perfecto, esa mandíbula tan perfilada me recuerda a Johnny Deep en su juventud —expresó Fiorella, fascinada.
—Es un chico interesante —agregó Teresa, sonrojada.
—Pero lo más importante, es que tiene un gran trasero.
Al escuchar semejante comentario, escupí mi café sobre las sábanas.
—¡Francini! ¿Qué te pasa? —reí, casi ahogándome.
—¿Qué? Es la verdad. Admítelo, es imposible apartar la mirada de ese cuerpo tan espectacular.
«Este enfermero nos va a sacar unas buenas carcajadas», pensé.
Salimos al jardín para reposar el desayuno. Para nuestra sorpresa, el chico estaba sentado en una de las bancas revisando su celular.
—Hay que saber más sobre él, ¿quién se apunta para ir a interrogarlo? —musitó Francini.