Viviana siente que ha perdido la batalla mucho antes de que el cáncer apareciera en su vida. Atrapada entre los errores del pasado y una depresión que la consume, cada día le parece un peso imposible de levantar. Pero cuando un evento inesperado la...
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29 de agosto de 2012
Francini amaneció con poca energía, le costaba mucho levantarse, ya que sus piernas no resistían el peso de su cuerpo. Le apareció una especie de sarpullido en las extremidades y casi no podía hablar, era como si tuviera algo atravesado en la garganta. Su salud empeoraba más y más, por ello, el doctor Collins tomó la decisión de conectarla a un monitor de ritmo cardíaco para así mantener controlada su hipertensión. Sus familiares la visitaban muy seguido para llevarle productos de higiene, ropa interior, etc.
Todas apoyábamos a Francini y su familia. Pamela llegó al hospital tras varios días de ausencia.
—¡Es un gusto tenerte de vuelta! —coreamos al verla entrar.
—Lo mismo digo, chicas. —Nos dedicó una sonrisa—. Necesito que me cuenten lo que ocurrió en mi ausencia.
—No lo dudes.
—¿Cómo sigue Francini? El doctor Collins no me explicó mucho al respecto.
Traté de entablar una breve conversación con Francini, pero su voz se cortaba y tosía cada vez que intentaba articular una palabra, así que la dejé descansar. Verla en ese estado me lastimaba. Según mi perspectiva, la vida es como una candela: cuando la cera de esta se acaba, quiere decir que nuestro tiempo en este plano ha llegado a su fin.
—Pamela, no lo vas a creer —comentó Fiorella—. Un hermoso enfermero tomó tu lugar y nos sacó muchas carcajadas.
—¿En serio? —Soltó una risa.
—Francinituvo la suerte de tocarle el trasero —interrumpió Raquel, limándose las uñas.
—Me imagino su cara de desconcierto. ¿Y qué pasó con él? ¿Sigue aquí o fue trasladado?
—Renunció por nuestra culpa. Me gustaría creer que se encuentra trabajando en otra clínica.
Al instante, cambiamos de tema.
—¿La familia de Francini vino hoy? —consultó, recostada en la pared.
—Sí, se marcharon hace unos minutos —respondí.
—La habitación se siente diferente, ¿no?
—Ella siempre nos hacía reír con sus ocurrencias, su personalidad le daba vida a este hospital —expresó Fiorella con los ojos cristalinos—. La voy a extrañar.
31 de agosto de 2012
El último día de nuestra querida Francini había llegado. Permanecimos a su lado, recordándole nuestros buenos momentos. Sus amigos y familiares vinieron al hospital para despedirse. Con el paso de las horas, el salón comenzó a llenarse de lágrimas. Se notaba que todos querían gritar de la desesperación, mas intentaban ocultarlo con una débil sonrisa.