19. Hablar.

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Joaquín.

En el momento en que escuché aquellas palabras salir de la boca de Iker, me sentí la persona más estúpida.

Volteé a ver a mi chico dormido y me sentí tan mal en el momento en que recordé su carita llena de tristeza.

Joaquín. —dijo Iker— ¿Sigues ahí? —preguntó.

Si. Si todo bien. —dije— Gra-gracias Iker.

Iker se despidió y colgó.

Guardé el celular de Emilio y tomé asiento a lado de él en la cama. Miré su rostro tan bonito y me llevé las manos al rostro.

—¿Qué hice? —susurré.

Emilio comenzó a moverse y comencé a acariciar su cabello para que se relajara y pudiera seguir durmiendo.

—Joaco. —susurró— ¿Te vas a que-quedar a dormir?

Solté un suspiro y no pude evitar soltar una sonrisa al verlo.

—Descansa, amor. —susurré.

Segundos después volvió a conciliar el sueño y cuando noté que había quedado profundamente dormido, tomé mi celular y mandé un mensaje a Gris.

Tía, me quedaré a dormir esta noche con Emilio. Descansa.

Me levanté de la cama y me acerqué al clóset para sacar una de mis pijamas. Me cambié de ropa y después de lavarme la cara y los dientes, baje las escaleras y me acomodé en el sofá para dormir.

Emilio.

Desperté con un dolor de cabeza insoportable. Me lleve las manos a la sien y rápidamente recordé cada uno de los acontecimientos de la noche anterior.

La molestia que tuve al ver a Diego, la conversación con Iker, el anillo y la conversación que tuve con Joaquín.

Abrí los ojos como plato cuando noté que tenía puesta mi pijama.

¿Cómo rayos había llegado a casa?

Comencé a recordar cada una de las cervezas que había bebido y comencé a tener flashbacks.

Joaquín cargándome en las escaleras, quitándome la camisa para poder cambiarme...

Mierda. ¿Dónde estaba el anillo?

—Emilio.

Escuché la voz de Joaquín tocando la puerta y me tomó por sorpresa.

—Buenos días. —dijo asomando su cabeza por la puerta.

Lo miré atento y traté de fingir una sonrisa.

—Hey. —dije— Buenos días.

—¿Te duele la cabeza? —preguntó.

Vaya que dolía. Había perdido la cuenta de cuánto había bebido y me estaba arrepintiendo en ese momento por el gran dolor de cabeza y migraña que tenía.

Asentí y lo miré serio. Se miraba raro. Parecía que no se sentía bien.

—¿Te sientes bien? —pregunté.

Joaquín frunció el ceño y asintió rápidamente.

—Si. Si todo bien. —dijo— Preparé el desayuno, ¿vienes?

Asentí y me levanté de la cama. Bajamos las escaleras y noté que había un par de mantas en el sofá.

—¿Te que-quedaste a dormir? —pregunté.

Cambios. | EmiliacoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora