Brener

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Ahora

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Han pasado dos años desde que me independicé.

Dos años desde que aprendí a vivir solo, a administrar mis horarios, mis gastos y, sobre todo, mis silencios. No es que me moleste la soledad; al contrario, me resulta cómoda. Me acostumbré a ella con una facilidad que a veces me asusta. Nadie me espera, nadie me reclama, nadie pregunta demasiado. Solo yo, mis libros y un departamento que rara vez siente la presencia de alguien más.

Desde hace unos días, sin embargo, llegó una nueva vecina.

No la he saludado.
De hecho, no he saludado a nadie en varios días.

No porque sea grosero, sino porque hacerlo ahora sería... incómodo. Siempre lo es cuando dejas pasar el momento adecuado. La oportunidad se diluye y, de pronto, un simple "buenos días" se convierte en algo extraño, forzado, casi fuera de lugar.

Soy un Umbreon. Me gusta la literatura, me gusta estudiar, me gusta el orden que trae consigo la rutina académica. Estudiar es lo mío. Socializar... no tanto.

Esa mañana tuve que salir más temprano de lo habitual. Dos amigos de mi clase insistieron en que teníamos que reunirnos para un proyecto. Los conozco bien: cuando dicen "reunión", suele significar que algo salió mal y necesitan ayuda de último momento.

—¿Qué querrá ahora? —pensé mientras cerraba la puerta de mi departamento—. Es la primera vez que nos llama tan temprano... ¿en qué se metió esta vez?

Caminé por el pasillo en dirección al elevador, todavía adormilado, repasando mentalmente lo que llevaba encima. Llaves, celular, libreta... todo parecía estar en orden.

Fue entonces cuando me crucé con la administradora del edificio.

Una Dragonite de porte firme y expresión amable, siempre puntual, siempre atenta a cada detalle del condominio.

—Buen día, señora Willis —saludé automáticamente.

—Hola, Brener —respondió—. ¿Estudio otra vez?

—Sí, como siempre.

Sonrió con una mezcla de resignación y simpatía.

—La cuota vence a fin de mes. Pasaré primero por ti, ya que siempre eres el primero en pagar.

—Claro, cuando quiera.

Seguí caminando mientras ella se dirigía hacia el fondo del pasillo. Entonces lo escuché.

Una voz femenina.

—Lindo día, Skyler.

No fue una frase especial. Nada particularmente cliché. Pero la voz... la voz era suave, casi musical. Dulce de una manera natural, sin esfuerzo. Instintivamente giré un poco el rostro.

Ahí estaba.

En el marco de la puerta justo frente a la mía.

Una Sylveon.

—Buen día —respondió ella, sonriendo.

Llevaba un cesto vacío entre las patas. Probablemente iba de compras. Su expresión era tranquila, abierta, como si el mundo no le debiera nada y ella tampoco esperara demasiado de él.

Me quedé mirándola más de lo que debería.

Cuando reaccioné y volví el rostro al frente, fue demasiado tarde.

Eevee Del 204 [Resubido]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora