Skye

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Al día siguiente no tuve sueño.

No fue que me costara dormirme; fue que, directamente, no pude hacerlo. Pasé la noche dando vueltas en la cama, mirando el techo, escuchando los ruidos del edificio como si fueran más fuertes de lo normal. Cada paso en el pasillo, cada ascensor subiendo o bajando, cada puerta cerrándose a lo lejos me ponía en alerta.

Tenía miedo.

No el tipo de miedo inmediato, de peligro evidente, sino uno más sutil, más desagradable: el miedo a lo incómodo, a lo inexplicable, a volver a cruzarme con alguien que no sabía cómo leer. La idea de encontrarme con Skyler otra vez me producía una mezcla rara entre ansiedad y rechazo. Parte de mí quería respuestas; la otra parte deseaba no verla jamás.

Durante la mañana fui a clases casi en piloto automático. Tomé apuntes, asentí cuando era necesario, respondí lo justo. Pero mi mente estaba en otro lugar. Todo lo que el profesor decía se diluía antes de tener forma. Era absurdo: solo había pasado unos veinte minutos con ella. Veinte minutos. Y aun así, parecía que habían dejado una marca demasiado profunda.

No la volví a ver desde ese momento.

Y, siendo honesto, tampoco sabía si quería hacerlo.

Pero entonces aparecían las preguntas, una detrás de otra, sin darme descanso.

¿Debía verla de nuevo?
¿Debía fingir que no pasó nada?
¿O confrontarla?

¿Y qué se supone que le diría?

"Hola, vecina, soy el chico que besaste ayer en el ascensor."
"Hola de nuevo."
"Buenos días", evitando mirarla a los ojos, como si la incomodidad pudiera disolverse sola.

Todo me parecía exagerado y, al mismo tiempo, imposible de simplificar. Me molestaba que algo tan pequeño me tuviera así.

Cuando por fin amaneció del todo, me levanté sin haber descansado. Me duché, me vestí sin pensar demasiado y me quedé de pie frente a la puerta de mi departamento más tiempo del necesario. Respiré hondo antes de salir, como si estuviera a punto de enfrentar algo importante.

Caminé por el pasillo hasta quedar frente a la puerta de Skyler.

Ahí me detuve.

El silencio del lugar se sentía pesado. El pasillo estaba limpio, ordenado, demasiado tranquilo. Miré la puerta. Era solo una puerta. Nada más. Y aun así, sentía un nudo en el estómago.

Me daba pena tocar.

—Hola, vecina Skyler... —murmuré para mí mismo.

Negué con la cabeza.

—No. No. Eso suena horrible. Forzado.

Respiré profundo.

—Hola, Skyler, ¿me recuerdas?

Fruncí el ceño.

—No. Eso es peor. Claro que me va a recordar.

Me pasé una pata por el rostro, frustrado. Era ridículo que estuviera tan nervioso por un saludo. Estaba tan concentrado en mis propios pensamientos que no escuché la puerta abrirse detrás de mí.

—¿Hola? —preguntó una voz.

—¡Ah! —me sobresalté, dando un pequeño salto.

Me giré de golpe. No era Skyler.

Era una Eevee.

Me quedé mirándola unos segundos, procesando la situación.

—Hola —dije al final, torpe.

Eevee Del 204 [Resubido]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora