CAPÍTULO 4- Día de locos

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Ya en la habitación, Kim me lanzó varios vestidos para probarme:

-¡Todos te quedarán genial! Aunque mi favorito es el negro. ¡Va, pruébatelos!

-Voy…

(…)

En total me cambié unas cinco veces, para al final quedarme con el favorito de Kim: era un negro básico, que llegaba a la mitad de los muslos, de tirantes y un escote de pico no muy exagerado; unos tacones negros, una coleta alta y un bolso negro pequeño.

-¡Guapísima!

-Tú más- Kim llevaba un vestido rojo escotado, unas botas de tacón rojas, pelo suelto y un bolso rojo con manchas negras.

-¡Venga vamos!- me cogió de la mano y salimos de la habitación.

(…)

Cuando llegamos, la casa estaba repleta de gente ya que era enorme:

En la planta baja había un inmenso salón que tenía a la derecha una especie de bar con una barra de bebidas, en el medio estaba la “pista” de baile y a la izquierda un sitio con sillones de lujo para relajarse (o enrollarse, lo que hacía la mayoría).

Nunca había estado en una casa tan grande.

-¡Kim!- grité, ya que la música estaba muy alta y no se oía nada-. ¿Por qué no ha venido Trevor?

-¡Le han puesto un trabajo de historia para el lunes y está liado!- me cogió de la muñeca y me arrastró a la barra-. ¡Qué quieres tomar!

-¡Pídeme un mojito!

-¡Marchando!

Me entregó el mojito y fuimos a la pista de baile.

-¡Tía! ¿Lo bebemos de un trago?

-¡Me parece bien!

Nos bebimos las copas de un trago y empezamos a bailar.

-¡Hope!

-¿Qué?

-¡Ya me lo agradecerás más tarde!

-¿A qué te ref-

Pero antes de que pudiera acabar la frase, Kim me empujó. Esperé al impacto pero no sucedió, de hecho, unos brazos me envolvieron, evitándome así la caída.

-¿Hope?

Levanté la cabeza para ver a mi salvador y me encontré con unos orbes verdes que ya me sonaban bastante…

-¡Scott!- me incorporé y me sacudí el vestido-. ¡Lo siento, es que me… me he tropezado! ¿Estás bien?

-¡Tú eres la que casi se cae! ¿Te has hecho daño?

-¡Que va, tú me has cogido al fin y al cabo!

-¿¡Hey, qué te parece si vamos fuera a hablar y así no gritamos!?

-¡Me parece bien!

Me tendió la mano, se la cogí y salimos con dificultad de allí.

(…)

-Mucho mejor- dijo Scott-. Y, ¿qué tal todo?

-Pues bien, ¿y tú?

-También bien…

Se formó por un momento un silencio incómodo, que Scott cortó.

-Oye, quería decirte algo…

Pero mi atención hacia Scott se vio interrumpida por la visita inesperada de un fantasma WWE.

-¡Dónde estoy! ¡¿Por qué nadie me escucha?!

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