Cap 2

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Marko Blande:

Ya me había dado una ducha refrescante, después de darle un té y calmar a mi madre, ella no merece llorar por un hombre, aunque ese hombre fuera mi padre.

Maltratos, infidelidades y un montón de cosas ha aguantado por amor, lágrimas derramadas cuando nadie la veía, sus ojos ya no brillaban, cada día había menos rastros de su felicidad. Pero ese día todo estaba decidido, todo acabaría... Ya no más. Tomó esa decisión aunque sé que le dolió hasta el alma, pero así es la vida, si fuera más sencilla dejaría de ser emocionante.

Fui a mi habitación a despejar un poco, me senté frente al piano a practicar algunas melodías, ese había sido desde mi infancia mi instrumento favorito. Comencé tocando teclas al azar mientras pensaba en aquella chica. ¿Donde habría ido después de perderla de vista? ¿Cuál sería su nombre? ¿Me atrevía a hablarle?

Todas esas preguntas azotaban mi cabeza, pero cuando me di cuenta estaba haciendo en el piano la misma melodía que había escuchado tocar a la chica con aquella flauta roja. El sonido era demasiado especial, me hacía descubrir un mundo diferente, pero sobre todo, me recordaba a algo, pero no sabía exactamente a qué.

Tomé la "Agenda de observaciones" y anoté en la última página:

Chica nueva, alias: alérgica a carne humana, alias:mi acosada, alias: la rarita
- Toca la flauta
Ya... sólo esa sabía de ella...

<<11:38 p.m>> nuevo mensaje:

Papá: Hijo, espero que algún día sepan perdonarme, yo los amo a los tres y eso nunca va a cambiar.

Yo: Padre, nosotros siempre te vamos a querer, pero eres tú quien debe entender que no se daña a quien se ama.

***
Día siguiente:
Iba en camino a la escuela cuando decidí acercarme al callejón para ver si veía a "la chica misteriosa". Ya le tenía muchos apodos. Era de esperarse, pero no había rastros de la chica, así que decidí ir hasta la cafetería a comprar mis galletas favoritas para luego marcharme rumbo a la escuela.

En la cafetería estaba como cada mañana Bela, una chica que a pesar de que siempre la ignoraba, ella seguía con sus intentos de llamar mi atención.

—Hey Marko—me llamó, como era de esperarse.

—Dime Bela-dije en un tono frío y cortante.

—¿Harás algo en la tarde?
Tenía pensado ir al cine a ver una película de estreno cuando salga de la escuela si quieres podemos ir juntos.

¿A ver chica cómo te explico que en la tarde me dedicaré a perseguir a la chica nueva?Definitivamente necesitaba una buena excusa.

—Iré de compras con mi mamá

—Ah, perfecto, el cine queda en el centro comercial. Tú haces las compras con tu madre y luego vamos a ver la peli.

Oh, no puede ser, tenía que haberlo pensado antes. Sinceramente no me apetece su compañía.

—Iré a una tienda en otra ciudad, lo siento, estoy ocupado.—dije y me fui de la forma más grosera posible, quisiera o no, era experto en eso.

Bela es muy bonita pero no es para nada mi tipo, era muy común y no tenía nada que llamara mi atención.

Me dirigí a la escuela, el camino se me hacía más largo de lo habitual. Como siempre miraba a las personas en la calle, todos iban en mundos distintos, con la cabeza en las nubes o en alguna preocupación que tuviesen, algunos iban pensando en otra persona y yo... Yo iba queriendo que los juegos del azar hicieran que me encontrara con ella.

Y de pronto la vi, con su cabello castaño con mechas naturales que adquiría un brillo especial en el sol. La chica nueva iba cruzando la calle unos dos metros aproximadamente por delante de mí. Me quedé mirándola, esa seguridad con la que caminaba, que pareciera que no tenía ningún tipo de preocupaciones.

De pronto algo llamó mi atención, en su pulsera roja brillaba un colgante con una "T", tal vez fuera la inicial de su nombre, pero estaba seguro de algo... esa pulsera ya la había visto antes y no precisamente en ella.

Pero definitivamente eso no fue lo que más sorprendido me dejó, sino cuando la chica se giró y su mirada chocó con la mía. Era demasiado fuerte el magnetismo de su mirada y tal vez fue una alucinación pero podría afirmar que me sonrió.

¿Podría una simple mirada hacerme sentir? Yo, que nunca había sentido ninguna atracción, que juraba ser inmune a esas cosas, definitivamente no sabía si fue la trampa de su mirada, pero caí atrapado en una nueva sensación. Un nuevo peligro me amenazaba y ese peligro tenía nombre y apellido, lo qué pasa es que no sabía cuales eran.

No sé si eso que vi fue una sonrisa, pero lo que sí sé, es que se la devolví.

Las clases transcurrieron como siempre, pero cuando llegó el turno de historia el profesor Cobie dijo que iba a reestructurar los grupos por una semana para que los estudiantes pudiesen conocer a los de otros grupos. Pidió a los que estaban en la izquierda que fueran para el grupo 2 y la mitad del grupo 2 vendría para mi grupo. Yo era de la izquierda así que me dirigí al otro grupo y ahí estaba ella. Sin pensarlo dos veces fui hasta su mesa y me senté a su lado.

Comenzaba a agradarme el profesor de historia, alias "el perezoso".

Le di una sonrisa de boca cerrada y me la devolvió. Decidí preguntarle su nombre, era el momento correcto.

—¿Tu nombre es?— pregunté mirándole a los ojos, ahora de cerca los notaba color café con algo de verde en el centro, nunca había visto unos ojos tan maravillosos pero había algo en ellos que yo conocía muy bien: tristeza.

—Lía, y tú... ¿Marko, no?— me dijo y quedé sorprendido, mi cara continuó inexpresiva pero por dentro me alegraba que supiera de mí. Y ya por suerte sabía cual era su nombre.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Cuando llegué nueva estabas en la lista de las mejores calificaciones de la escuela.— dijo ella encogiéndose de hombros demostrando una desgarradora indiferencia, pero yo miré el lado positivo, se acordaba de mi nombre.
Le sonríe de lado y después de eso, total silencio.

Miré su mano y su pulsera ya no estaba, no podría advertirle o preguntarle porque... ¿Cómo sabía yo eso? No quería asustarla.

—Para la próxima semana me traerán una tarea de historia, consiste en entrevistar a su nuevo compañero de asiento sobre su punto de vista de preguntas elaboradas por ustedes sobre la Segunda Guerra Mundial.— dijo el profesor Cobie.

Sinceramente, nunca me había alegrado tanto al escuchar una orientación de una tarea. Así podría pasar más tiempo con ella y conocer algo más que su nombre.

Tiempo después fui a la dirección porque el director, alias "Grond-Gruñón" me llamó para entregarme las calificaciones sobre una investigación a nivel nacional en la que habían participado algunos estudiantes de todos los institutos preuniversitarios del país. Me felicitó por las buenas calificaciones debido a que eso aportaría prestigio a la escuela.

Cuando fui a salir en una esquina cerca de la puerta vi la pulsera roja de Lía. ¿Acaso había pasado ella por la dirección? ¿Por qué la pulsera llevaba una "T" si su nombre empezaba con "L"? Tal vez su apellido, pensé. Bueno, recogí el pulso y lo guardé, no podía entregárselo aún para no levantar sospechas.

Salí de la escuela siguiendo a Lía, quien tomaba el mismo rumbo del día anterior. Entró al mismo callejón, y se sentó en la misma piedra. Esta vez llevaba un vestido amarillo, que hacía que mi vista se satisficiera de tanta belleza. Tomó su mochila negra y esperé que sacara la flauta, pero para mi sorpresa sacó un violín, del mismo color rojo.

Comenzó a tocar la misma melodía y yo volví a quedarme embelesado. El mismo procedimiento de ayer se repitió cuando dejó de tocar me escondí y al salir ya la había vuelto a perder de vista.

Mi curiosidad se despertó por aquel lugar y entré, mirando a todas partes. Miré los árboles y de pronto en aquel gran árbol donde ella se sentaba, vi algo que no me esperaba, en el tronco habían unas raspaduras que formaban algo escrito: "A y T"

¿Tendría algo que ver ella con esas letras?

Lía era un misterio y yo la iba a descifrar.

Notas de la autora:
Las cosas se van a empezar a poner muy interesantes!!!
Adelanto: una parte del próximo capítulo las narra Lía, si es que ese es su verdadero nombre. Ya vemos que ella es todo un misterio.

Mientras te persigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora