Marko Blande:
Al salir del callejón me encontré con Bela, yo había ignorado el hecho de que el callejón quedaba cerca del centro comercial.
—¿No ibas a hacer unas compras?— me dijo sonando...¿molesta? Al menos eso me dio a entender.
—Tuve que venir primero a hacer unas cosas— dije intentando soñar seguro.— Ahora voy con mi madre a hacer las compras.
—¿Y a donde tuviste que ir?
—No son asuntos tuyos, Bela— dije y me fui, sin más.
***
Lia:
Desde que llegué a la ciudad todos me tachan de tímida y poco sociable, pero la verdad, es que estar sola a veces es lo mejor. Nadie te puede fallar porque no confías en nadie.
—¡Karl!— grité al llegar a casa.
—Ya te he dicho que me digas papá— exigió, nunca me había gustado llamarle así, aunque para el resto de la sociedad él era mi padre, yo sabía la verdad.
—Como tú digas, papá— dije en un tono irónico
Karl me agradaba mucho, siempre había vivido conmigo, desde que tenía dos años, era lo más parecido a un amigo que tenía. El siempre se había ocupado de mí, me quería con su alma, pero no era mi verdadero padre y eso yo lo tenía claro.
—¿Cómo ha ido la escuela? ¿Ya tienes amigos?
—Claro, no he tenido amigos en toda mi vida, viviendo en otra ciudad y llegando a una nueva seguro voy a tener— dije en tono irónico para molestarlo.
—¿Vas a empezar a ir a clases de música? ¿O vas a desperdiciar ese talento?
—Lo pensaré, ahora vamos a cocinar.
Subí al segundo piso donde estaba mi cuarto, me fui a quitar la pulsera y para mi sorpresa, no la llevaba puesta, busqué por todos lados, la mochila, la caja del violín, el piso, toda la casa... ¡No estaba! Eso tenía un gran valor sentimental para mí, no podía perderlo.
Intenté calmarme pensando en donde podría estar, quizás en el callejón o tal vez en la escuela. Fui hasta el callejón a ver si lo veía pero nada, no había nada. O mejor dicho... sí había algo, era... bueno, no era precisamente la pulsera y eso era lo que importaba en esos momentos.
Antes de irme del callejón pegué detrás de los arbustos de la entrada una nota y luego regresé a casa y me di una ducha.
Tomé mi flauta y comencé a tocar mi melodía favorita, me calmaba y así podría olvidar lo de mi pulsera y era una forma de tener aquellos recuerdos más presentes.
Los recuerdos nos han servido siempre para que no olvidemos de donde venimos. Si uno de nuestros recuerdos es olvidado, se va con ellos una parte de la historia de nuestras vidas.
A las personas les resulta absurdo querer recordar los momentos malos de su vida, en cambio a mí, me hacían volverme más fuerte, me hacían acostumbrarme a la realidad y de cierto modo, me hacían entender mejor mi vida, me hacían entenderme mejor a mí.
<<Los mejores recuerdos son los que más nos llenan de nostalgia>> Pensaba yo mientras miraba aquella foto.
—¡Lía!— me interrumpió Karl.— ¿Qué estás haciendo? Vamos a preparar la comida— me decía desde el otro lado de la puerta.
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Mientras te persigo
Teen FictionElla estaba hecha de misterios. Él estaba hecho de oscuridad. Marko, un chico de 17 años, está obsesionado con el orden, vive en una vida perfectamente organizada, pero todo cambia cuando llega una nueva estudiante a su escuela que llama su atención...
