XI

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- Naruto ¿estás bien? ¿Qué pasó? – el pelinegro llegó al hospital, había recibido la llamada de Naruto, este lloraba, informándole que Hidan tuvo un accidente y estaba muy grave.

- Está muy mal Itachi, no quiero que se muera – el rubio abrazó al pelinegro, llorando inconsolablemente – todo fue tan rápido, veníamos de su casa y al llegar a la empresa un, un carro me iba aventar y el me jaló, cuando pude reaccionar lo vi tirado, lleno de sangres, Itachi no se puede morir, no me puede dejar solo – el corazón de Itachi dolió al escuchar la confesión, sabía que su amigo estaba enamorado de su ex esposo y en los últimos meses pasaban mucho tiempo juntos, ¿acaso ya había perdido el amor de Naruto?.

El doctor se acercó a ambos, el rubio pregunto antes de que el Doctor hablara - ¿cómo esta Hidan doctor? –

- ¿Usted es? –

- Su novio, soy su novio – el pelinegro no pudo evitar sentir dolor al escuchar esas palabras de dolor, solo pudo tomar la mano del rubio.

- Lo siento mucho, el paciente tiene muerte cerebral ¿Usted vivía con él? –

- Si –

- Necesito que nos autorice el desconectarlo, hicimos todo a nuestro alcance, pero el impacto fue muy fuerte, puede pasar a despedirse de él –

Naruto solo asintió, no dijo nada, estaba en shock, firmó la autorización y siguió al doctor hasta la habitación donde se encontraba Hidan, en ningún momento soltó la mano de Itachi, ahora más que nunca necesitaba de su apoyo, maldecía su suerte, ahora que se iba a dar una nueva oportunidad de encontrar el amor, la vida lo castigaba de nuevo – Hola Hidan – le habló el rubio – Puedes descansar tranquilo, yo estaré bien, no te pude contestar, te desmayaste, pero también te amo, gracias por todo tu apoyo y paciencia, ¿Recuerdas cuando nos conocimos? – Itachi abrió los ojos y puso mucha atención al relato – Me dijiste que nos casaríamos algún día, rompiste tu promesa – las lágrimas comenzaron a salir, sin poderlas controlar – me estás abandonando después de estos maravillosos meses y de lo que pasó en la mañana, me estás dejando solo, perdón, perdón por no amarte desde un principio como te merecias, perdón por hacerte sufrir, perdón por amar a otra persona y decidirme a darte una oportunidad en el último momento, fue... fue demasiado tarde – el rubio ya no pudo hablar, el llanto se apodero de él, dejándolo sin palabras, mirando como el medico lo desconectaba, abrazado de Itachi, aferrándose a este, murmurándole que no lo dejará solo.

Después del funeral Itachi acompaño a Naruto a su casa – Naruto no debería preguntar esto, pero ¿Pudiste ver quien fue el que atropelló a Hidan? –

- Si –

- ¿Por qué le dijiste a la policía que no? –

- Porque va a sufrir, va a sufrir como nunca ¡fue tu maldita golfa! Ella mató a Hidan, ella quería matarme y él me aventó, para salvarme – el rubio jalo sus cabellos y tapo su rostro con sus mano, le dolía la muerte de Hidan, porque siempre fue su amigo, su confidente, no lo amaba, mintió al decirle eso, pero sabía que con el tiempo iba a llegar a hacerlo.

- Lo haremos, ella pagara por lo que hizo –

- Quiero que regreses con ella –

-¿Qué? ¡Estás loco! No lo haré, yo no la amo, yo no quiero perderte –

- Por favor, me lo debes ¡porque la maldita te hizo firmar los papeles del fraude, porque si no la encerramos tú te hundes con ella y no me voy a permitir perderte! – el rubio no pudo evitar gritar.

- Naruto – el azabache se acercó para abrazar a Naruto, pero este se alejó.

- No en este momento, por favor entiéndeme, quiero encerrar a la maldita y debes ayudarme –

- Maldita se ¿qué quieres que haga? – Naruto le contó su plan, debían actuar y acorralarla, pagaría lo que hizo y muy caro. – Muy bien, ahora creo que me retiro, no quiero ser inoportuno –

- No te vayas, no me dejes solo –

- No debería –

- Por favor, tú no me dejes ahora por favor – el Uchiha asintió – vamos por nuestra Haru, es tarde y mamá debe tener cosas que hacer – Itachi abrazó a Naruto, sabía que en estos momentos lo necesitaba y sin hacer preguntas él lo apoyaría.

- ¿Kakashi? –

- ¿Qué quieres Konan? –

- Lo mate, Kakashi lo mate – la voz del otro lado de la bocina sonaba histérica, a punto de llorar.

- ¿Qué diablos? ¿A quién carajos mataste? –

- Hidan – ambos quedaron en silencio.







Sólo dame una oportunidad.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora