Capítulo 22: el aeropuerto

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Finalmente llegó el día en que Valeria se iría. Aún dudaba en ir o no a despedirla. Quería ir con todas mis fuerzas y verla, pero a la vez no quería ser invasiva. De todos modos, la otra vez me había dicho que me esperaba así que eso significaba que no le molestaba que fuera.

Tuve muchas dudas, pero Luna me convenció de ir al aeropuerto. No podía perder la oportunidad de abrazarla y verla por última vez. Para aliviarme la tensión, Juli, Alex y Luna se ofrecieron para acompañarme con la excusa de que ellos también iban a saludar a su profesora. Me quedé más tranquila y decidí hacerlo con la misma excusa. No había nada de malo en ir y despedir a una maestra que quise tanto.

De modo que esa mañana desperté temprano y me preparé mentalmente para lo que se venía. Estudié un poco para un examen próximo y a la una de la tarde vinieron mis amigas y Alex. Almorzamos y luego me fui a preparar para ver a Valeria. Me puse mi mejor ropa, me hice un peinado con la plancha de cabello y me maquillé tratando de verme natural pero linda. Tomó tiempo pero pude llegar a un resultado satisfactorio.

- Es momento de irnos. – les dije cuando terminé de arreglarme. Nos subimos al auto y Luna condujo hacia el aeropuerto. Quedaba a media hora de casa, así que nos dio tiempo de poner el disco teenage dream de Katy Perry completo. Eso me ayudó a relajarme pues estaba muy nerviosa. Además amo ese álbum y cantamos todas las canciones.

Un rato después estacionamos. Eran las 15:15 hs, por lo que faltaba un rato para que el avión despegara. Fuimos a la confitería a comer algunos snacks y relajarnos. Pedimos un café con unas donas de chocolate, fresa y vainilla. Estaba delicioso.

- ¿Ya planeaste lo que vas a decirle? – preguntó Luna.

- No lo sé. Ni siquiera sé cómo voy a hacer para que me note. Tengo miedo de que me ignore.

- Tranquila, nosotros te vamos a ayudar. – dijo Julieta. Es increíble la evolución que tuvimos en nuestra relación y que ya no hay resentimientos ni celos de por medio. Ahora somos muy buenas amigas.

Se hicieron las 16 hs y ya era el momento en que debía ir a verla. Sentía muchos nervios y mis piernas no respondían. Respiré hondo y comencé a caminar hacia el sector donde se juntaba la gente antes de subir al avión. No sabía bien donde podía estar ella así que me fijé y miré por todos lados. Había muchas familias, enamorados que se despedían, amigos, gente que venía de intercambio, etc. En los aeropuertos se pueden contar miles de historias.

Estuve buscando por un rato hasta que Luna me dio un codazo y me señaló disimuladamente. Ahí estaba ella, tan hermosa como siempre. Por supuesto que su hijo también se encontraba listo para viajar. Llevaban dos valijas grandes y varios bolsos pequeños. Había algunas personas acompañándolos, los cuales seguramente eran amigos. Entre ellos reconocí a algunas profesoras que he tenido. Al ver tanta gente me acobardé, pero nuevamente mis amigas me animaron a seguir.

- Isabella! Luna! Julieta! – dijo en cuanto nos vio. Nos extendió sus brazos y nos abrazó a cada uno, pero noté que conmigo fue más duradero. Parecía feliz de vernos así que me relajé.

- Profe, vinimos a despedirla y desearle suerte en su nueva vida. – dijo Juli.

- Qué tiernas son! Vengan, las voy a presentar. Ellos son mis amigos, los que hice en este hermoso país. – nos saludamos y dos profesoras nos reconocieron. Luego ellos se pusieron a hablar y bromear entre sí, por lo que nos apartamos. En ese momento aproveché para hablar con Lucas.

- Perdóname por lo que te hice, no lo merecías. Lastimé a mucha gente este año y me arrepiento un montón. Eres una gran persona.

- Ya estas perdonada. No tengo resentimientos y no me quiero ir de acá estando peleado con alguien. Dame un abrazo – dijo y nos abrazamos. Todo había quedado arreglado.

- ¿Cómo les ha ido en la escuela estos días? – nos preguntó Valeria acercándose a nosotros.

- Bien, estamos planeando la fiesta de graduación así que no hemos hecho mucha tarea. – le dije. Al fin me había animado a hablarle desde que llegué.

- Me parece muy bien! La nueva profesora de portugués es muy buena, la van a querer.

- No tanto como a usted. Me hubiera encantado verla en nuestra graduación. –dije y los demás asintieron.

- No voy a estar físicamente pero mi corazón sí. Quiero que me manden fotos, no vayan a olvidarme!

- Vale, ya tienen que hacer la fila. – dijo un amigo de ella, lo que significaba que se tenía que ir. Sentí un nudo en la garganta pero tenía que aceptar la realidad. Ella se iba para siempre.

- Chicas, han sido alumnas increíbles, como ya les dije. Espero que sean muy felices y sigan creciendo. Gracias por venirme a ver. – dijo mientras me clavaba sus ojos claros. Extrañaría mucho esa mirada tan profunda. Luego nos abrazó a las tres y cuando lo hizo conmigo, me susurro al oído:

- Te quiero mucho Isa, te extrañaré más que a nadie. Ojalá nos hubiésemos encontrado en otra vida.

- Yo digo lo mismo, profe. La amo.

Luego se dio la vuelta y fue a la fila. Después de eso solo quedaba que su avión estuviera disponible para poder subir. Eso era todo. Ya la despedí y no la vería más, hasta quién sabe cuándo. No pude evitar que me cayeran un par de lágrimas, realmente la quería.

Nos sentamos un rato, compramos unas golosinas e hicimos "terapia de azúcar". Es algo que comúnmente hacemos cuando queremos aliviar alguna pena. Nada mejor que los dulces para sentirse mejor. Tenía una mezcla de sentimientos en mi interior: por un lado, la tristeza de saber que ella se iría y la tendría lejos y por el otro, la felicidad de haberla visto una vez más y de haber arreglado las cosas con su hijo.

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