Capítulo 08

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Si se preguntan... ¿qué pasó con Rusia?

Pues verán... está amarrado de brazos y piernas con una soga sentado en el sofá con la boca hecha agua.

—¡Es maltrato animal lo que me haces! —gritó el ruso en dirección a la cocina, donde estaba el estadounidense limpiando el desastre por culpa del feroz hambre del contrario.

—¿Qué? ¡No te escucho! —respondió mientras barría.

—¡Maltrato animal! Tengo hambre...

—¿No se supone que el que debe hacer esto es él? ¿Por qué lo hago yo? En fin, la hipotenusa —se dijo a si mismo Estados Unidos botando la basura en el tacho.

(...)

—Bébelo.

—Nyet.

—Por favor.

—USA, soy un adulto, no es necesario que me hagas tomar té con cucharita.

¿Por qué té? El norteamericano una vez le dio de tomar té al ruso cuando era chiquito en vez de leche.

Rusia se quedó con esa costumbre.

—¡Pero si te suelto es más que obvio que arrasarás con toda mi cocina de nuevo!

—¿Y por qué ahora te compartas demandante y antes estabas más asustado de mi?

Estados Unidos se quedó callado, sorprendido y un «What?» resonaba en su cabeza, ¿cómo había cambiado de actitud tan repentinamente sin darse cuenta?

—Te atrapé, Esponja.

—No me cambies el tema.

—Uy, se enojó la potencia capitalista.

—Tu sistema ni funciona, no te creas.

—El tuyo tampoco.

—El mío si funciona, solo que está mal empleado.

—Igual el mío por lo que no tienes derecho a insultar.

(...)

«¿Esa era la voz de Rusia?», «¿Quién está contigo?», «Se supone que nadie debía visitarte por el aislamiento al igual que todo el mundo», «Pero quienes somos para juzgar», «¿Alguien más se siente excluido?», «Ah, perro, ¿qué te traes con el ruso?» y más comentarios del mismo estilo era lo que soltaba los que estaban en la videollamada al momento en que USA se aparecía por las escaleras con una cara para nada feliz.

—Ya hagan silencio, no quiero oírlos.

Reunión terminada.

(...)

—Y... listo.

El ruso miraba a su cuarto temporal completamente ordenado, satisfecho con el pequeño trabajo que hizo. Ahora tocaba ordenar sus cosas en la cómoda que estaba al lado de la cama.

Le tomó alrededor de unos dos minutos, masomenos.

-6:30PM-

—¡Estados Unidos!

De nuevo, este hizo caso omiso. Tal vez estará ocupado o quién sabe que esté haciendo, lo más seguro es que estará en otra cosa que no sea escuchar.

—By cena that servida! —cabe aclarar que Rusia no sabe del todo inglés por lo que lo dijo de improviso. (Por cierto, la cena era ensalada y pasta con bistec)

Desde el piso de arriba se oyó una fuerte carcajada del estadounidense junto con una pesada tos.

—Eh... ¿vas a bajar? —alzó un poco la voz en la pregunta.

—No —respondió el de arriba.

Eso bajó el ánimo del ruso, pero a los segundos se le vino a la mente una idea o más bien... una pequeña presión.

—Oh... bueno... —sacó del bolsillo derecho su celular y abría una aplicación mientras seguía hablando—, sería una pena de que una o dos personas... o tal vez medio mundo se entere del vídeo que subiste.

Tosió un par de veces algo fuerte, pero no le importó con tal de seguir con aquello, aún con el gran «WHAT?!» que se oyó.

—¡Oh, si! Aquel vídeo que no querías que nadie supiera de su existencia... ¿sabes? Me resultó curioso lo que me dijo OMS sobre ello.

En realidad, no tenía ni la más puta idea de qué hablaba, solo se basó en una experiencia suya que le contó a Laura durante el viaje hasta la casa.

Ahora, volviendo al presente... USA ya parecía a la Unión Soviética de lo rojo que estaba por lo que dijo el ruso, ¡al diablo la maldita distancia con el euroasiático! ¡Debía bajar para impedirlo!

Como si fuera el "fin del mundo", aunque ya algunos lo consideran como tal, inmediatamente bajó la escaleras con cuidado de no resbalarse y partiste la cabeza, para luego arrebatar el celular tal cual ratero y revisar en cada app que poseía si lo que dijo era verdad.

El de ushanka se asustó por lo rápido que tomó acción el de lentes oscuros y a los pocos segundos le causó algo de gracia la desesperación de este.

—W-where's the vid... —su oración se cortó cuando recibió un inesperado abrazo por la espalda, o al menos para él era inesperado.

Su cerebro pareció haberse detenido y procesando todo, ¿qué estaba haciendo el ruso?

—Ya... me puedes soltar, ¿no?

—Nyet.

—E-enserio, no me gusta tu contacto físico.

Bastó un tic en su ojo para soltarlo casi bruscamente y el tricolor de menor edad se disculpó por aquello.

(...)

—Oye... ¿quieres saber algo?

El estadounidense lo miró por un rato y luego asintió sin decir nada, metiendo el tenedor con fideos a la boca.

—No sabía qué hacer de cenar, ni sabía que comidas diariamente se preparaba tu gente, así que... literalmente busqué «cena estadounidense» y me apareció lo que preparé.

USA soltó una pequeña risa y siguió comiendo.

—... ¿hay postre?

—Por desgracia, no.

—Bueno...

Siguieron comiendo en silencio, aún con el ambiente algo tenso e incómodo, el euroasiático decidió tomar la palabra de nuevo después de pasar lo que contenía su boca.

—¿Por qué me estabas evitando?

«Oh shit... aquí vamos de nuevo.» pensó el americano ya harto de escuchar esa misma jodida frase desde hace años.

Lo que mostró su molestia fue un fuerte golpe a la mesa, lo suficiente como para que el ruso se alertara/asustara y pusiera su mirada en el de 50 estrellas.

No sabía con exactitud cómo interpretar aquella acción del contrario, este seguía con sus lentes de sol puestos incluso a esa hora de la noche.

—¿Qué me estás mirando? —preguntó molesto y con un tono fuerte USA.

Rusia rápidamente desvío su mirada a su plato y devoró dos tenedores con fideos, con miedo. Su corazón latía velozmente, recuerdos que ocultó en lo más profundo de su mente volvieron y no eran muy agradables de por sí.

Lo único que hicieron después de comer fue chocar miradas por un segundo, luego tomaron su propio camino.

Infectado de Amor [RusAme]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora