Eran las tres de la tarde, el sol brillaba en el cielo más despejado que antes, ambos países no hacían nada más que vagar como nosotros ahora mismo, cuando a uno de ellos se le ocurrió hacer una pendejada.
—¡Oye, USA! —gritó; técnicamente el cuarto del mencionado estaba arriba del ruso así que se podían "comunicar" más ¿rápido?— ¿Erí gei?
—... ¿estás bromeando? —respondió el estadounidense, quien solo estaba sentado en una silla cerca de su escritorio sin hacer nada.
—¡Responde, no fui a la reunión de ese día!
—¿No fuiste? ¿Entonces quién fue?
—La odiosa de mi hermana.
—¿Tenías herma...? ¡Ah! Creo que ya me acordé de ella, ¿es la que siempre para con la gemela de...? Eh...
—¿Bielorrusia?
—¿Así se llamaba?
—Te falta geografía, Estados Unidos —suspiró—. ¡Ah! No respondiste a mi pregunta.
—¿Qué quieres que te diga? Si lo soy, ¿y? Que, ¿me vas a estrangular o algo? ¿Mandar a matarme? ¿Incluir tus ideales en mi país? No gracias, mi mamá ya viene por mi.
—Ok, ustedes los estadounidenses sacan cualquier teoría con una mísera de información.
—¡Ey! No todos somos así, hay algunos más idiotas todavía.
—Ah, cierto, no debo subestimar a Latinoamérica.
(...)
-6:30 pm-
—No voy a llorar, no voy a llorar, no voy a llorar, no voy a llorar...
Estaba de más decir que Rusia tenía los ojos hechos lágrimas, una que otra se le escapaba, con cada oración que se mostraba mostraba en la hoja se planteaba cada vez más la idea de meterse un tiro por el cráneo.
Hasta que cerró el libro y lo lanzó con rabia y lágrimas lo más lejos de él impactando contra la pared.
—No rompo el libro porque me costó demasiado —se habló a si mismo mientras se limpiaba las lágrimas y se levantaba de su cama para recoger el objeto.
Sin embargo, al recoger el libro notó una pequeña abertura en la pared detrás del objeto.
(...)
«Toc, toc, toc»
—USA, ¿tienes un oso de peluche?
—¿Oso de peluche? —respondió el de lentes desde el otro lado, con un tono sorprendido.
Se levantó de su asiento y comenzó a revisar su mueble de madera, cada cajón era abierto, rebuscado y vuelto a cerrar sin prisa, como si no quisiera que el ruso lo escuchara.
—Eh, si, me lo encontré bien escondido en la pared, al parecer tiene mucho tiempo ahí por el polvo, le di un baño y ahora está secando.
—Oh, bueno —agarró una foto en blanco y negro, estaba algo desgastada por el paso del tiempo. Se veía un padre, una madre y sus hijos hombres, las caras de los adultos estaban rayadas de plumón negro permanente.
—¿Sabes de casualidad quién es el dueño?
—No —habló con la nula verdad mientras miraba la parte de atrás de la foto «1964, los odio».
—Y pues... ¿quieres algo? No sé, fruta... postre... comi-
Fue interrumpido por el sonido de deslizamiento de un objeto, miró abajo y era una foto desgastada. La agarró y le echó un ojo rápido.
La devolvió por debajo de la puerta al instante, lo que le causó alguna que otra risa al estadounidense.
—No me agrada este tipo de bromas, Estados Unidos. Aparte, ¿por qué demonios tienes esa foto?
—Un niño me la dio, no me acuerdo su nombre ni el rostro pero lo que sé es que no eras tú.
—¡Ja! Imposible, en ningún momento mis hermanastros se quedaron en este lugar.
—Ya lo entenderás.
Rusia respiró profundamente, quería sacar de su mente ese tema lo más rápido posible y no llegar a alterarse por eso.
—¿Vas a querer algo? —preguntó de nuevo con un tono cansado.
—¿Sabes hacer panqueques?
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Infectado de Amor [RusAme]
Fiksyen Peminat[RESCRIBIENDO...] En estos tiempos de CoronaVirus, nosotros tenemos que estar en cuarentena y evitar contacto con nuestros seres queridos, ¿no? Pues esto es lo que está pasando con el estadounidense, su presidente tuvo que alejarlo de la casa Blanca...
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