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Capítulo IX
Steve se metió en la ducha sin ganas de nada. Sabía que tenía que ir al trabajo, sabía que debía seguir su rutina, sabía que debía acomodarse a la realidad que Natasha había construido para él... pero, debía reconocer que nada de eso lo entusiasmaba como antes. Su departamento, su trabajo, el auto, la relación con sus padres, Bucky de regreso... todo eso eran cosas que ella le había regalado y que, debía reconocer, carecían de brillo sin su presencia. Ella era la que ponía el brillo en todo lo que lo rodeaba, ella era la que le había dado todo lo que siempre había querido... arrebatándole lo que realmente había querido en ese momento. Se lavó concienzudamente, intentando eliminar su aroma de su piel, sin conseguirlo realmente. Natasha estaba impregnada en él, en esa casa, en sus sábanas, en su cocina, en todos lados.
Todo lo que estaba en ese mundo, su nuevo mundo, todo le recordaba a ella, porque ella se lo había dado. Y eso estaba matándolo. Salió de su departamento sin desayunar... la sola vista de la cocina le revolvía el estómago. No podía ver la habitación sin pensar en ella vestida con sus camisas intentando cocinar. La oficina también parecía distinta sin ella... sin Natasha ya nada le sabía a victoria, pero, aún así, se esforzó por dar lo mejor de sí en cada cosa que hacía. Le había prometido que intentaría ser feliz, que disfrutaría lo que le habían obsequiado, pero, ¿cómo? ¿cómo disfrutar lo que le gritaba su pérdida? ¿cómo ver más allá de su ausencia?
Los primeros días fueron los peores. Durmió en su sala una semana, incapaz de asomarse a su habitación sin llorar. Con el paso del tiempo, el dolor se asentó, se escondió muy dentro de él y allí hizo nido, sin molestarlo demasiado. Comenzó a rendir en el trabajo, demostrando lo que hubiera podido hacer mucho tiempo atrás si le hubiesen dado la oportunidad. Steve era un hombre listo y, más allá, del modo en el que había conseguido ese empleo, él sabía que lo merecía, sabía que era capaz y se encargó de demostrarlo con creces. Como no hacía nada más, podía abocarse a ello sin interrupciones. Bucky intentó muchas veces sacarlo de su casa, sin éxito. El castaño no recordaba a Natasha, nadie lo hacía. Sólo él...
Bucky quería llevarlo de fiesta, presentarle mujeres, quería que aprovechara su nueva abundancia y su posición para divertirse y disfrutar de la vida, pero Steve se negaba. No tenía cabeza para eso y mucho menos ganas de conocer mujeres. Él era un hombre de naturaleza fiel... había amado realmente a Sharon en su momento y mientras duró su relación, sólo tuvo ojos para ella. Y, ahora, que sabía lo que era amar de verdad y, más aún, ser amado de verdad, no se conformaría con menos. No quería una relación de una sola noche, no quería a nadie que le "calentara la cama" como decía Bucky.
Quería a Natasha.
Sólo salía de vez en cuando a la playa donde la había llevado en su última salida... su mirada se perdía en el mar y allí, solo y sin distracciones, se dejaba llevar por sus emociones y la lloraba en silencio, contemplando las olas del mar ir y venir, pensando en ella y preguntándose si ella también lo recordaría. Y sí lo recordaba, claro que lo recordaba. Natasha no había hecho más que pensar en él desde que regresara a su hogar. Para Steve ya había pasado casi un año, pero, para ella, no habían sido más que unos minutos. El tiempo funcionaba de un modo muy diferente en su hogar, por lo que, mientras Steve comenzaba a sanar, ella seguía sumida en su dolor. Se había aislado de las demás, manteniéndose siempre aparte, llamando la atención de Madre.