Pensaba subir esto la próxima semana, pero, creo que es mejor darle un cierre a esto de una vez. Me alegro muchísimo que esta historia les haya arrancado una sonrisa y que haya sido de su agrado. Como siempre, muchísimas gracias a todxs... nunca sé bien que decir, pero, creo gracias no es suficiente. Pero, de todos modos, les agradezco por haber llegado hasta aquí y por todo el cariño.
Besitos a mis niñas del #S.S.R.A que son mi corazón y a la amiga Fri, a quién pertenece esta historia.
Gracias totales...
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Capítulo X
La vida como mortal no fue tan sencilla como cuando podía usar su magia. Convertirse en una humana funcional fue difícil para Natasha. Primero que nada, tuvieron que ingeniárselas para crearle un pasado y convertirla en una ciudadana. La muchacha no tenía nombre real, ni nacionalidad, ni registros educacionales, ni nada. Por mucho dinero que Steve tuviera, no podían comprar a todo el mundo y había documentos que no podían falsificarse. Afortunadamente, Bucky dio con la solución. Fue un poco difícil explicarle lo que había pasado y mucho más convencerlo de que Natasha literalmente no tenía ningún documento de ninguna parte, porque, simplemente, no pertenecía a su mundo.
El fin de la Guerra Fría con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS les dieron la solución. Natasha, que era el nombre que Steve le había dado por puro capricho, era un nombre ruso y siempre podían buscarle un apellido que sonara ruso y que perteneciera a alguno de los cientos de países que habían formado la URSS y que ahora ya, simplemente, no existían. Bucky los llevó al Departamento de Inmigración y dio el primer apellido que se le cruzó por la mente al pensar en Rusia: Romanov. Sin embargo, no recordaba bien como se escribía y se deformó en Romanoff. Así, Natasha se convirtió en Natasha Romanoff, ciudadana de Yugoslavia, que había llegado a los Estados Unidos para contraer matrimonio con Steven Rogers.
La mejor manera de asegurarle la ciudadanía era mediante un matrimonio, y, como ninguno de los dos estaba dispuesto a dejar ir al otro, pues, casarse sonaba lógico y se sentía correcto. Aunque Steve lamentaba no haber podido hacerle una proposición en regla, debido a la presión del tiempo, tuvieron que conformarse con comprar un anillo rápidamente en la primera joyería que encontraron y obtener una hora para casarse en el Consejo Municipal en vez de en una iglesia. Natasha, que desconocía las tradiciones que rodeaban al matrimonio, estaba fascinada con su anillo y con los improvisados preparativos.
Los padres de Steve no entendían aquel repentino interés de su hijo por contraer matrimonio con una desconocida, pero, se veía tan feliz que no pudieron decirle que no. Desde hacía un año que su hijo había cambiado y para mal. Había perdido la alegría y se había encerrado en sí mismo, siempre con la cabeza en las nubes, siempre suspirando por algo que ellos no entendían... pero, cuando apareció por casa con esa muchacha encantadora y bellísima, parecía ser de nuevo él mismo. Brillaba con luz propia y se veía tan enamorado, que ellos no fueron capaces de decirle que no. Además, Natasha resultó ser un encanto de chica, divertida y educada, llena de curiosidad y de ganas de aprender. Desde el momento en que la siguió a la cocina y le preguntó como preparar el pastel que le gustaba a Steve, se enamoró de ella y la convirtió en la hija que nunca tuvo.