IX

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El día marchaba relativamente normal sin contar que Tywin miraba a Mayrebelle mucho más de lo usual, incluso en algunos momentos le dedico lo que parecían ser sonrisas.
Cuando terminó de arreglar su cama incluso noto como Tywin veía su trasero, no era una poderosa mirada de lujuria pero era inusual encontrar al Lord dándose el lujo de la indiscreción.

La tarde Mayrebelle se la paso con su familia entera. Su padre y madre, sus hermanos varones desde Alper hasta Talfen, también estaban sus hermanas, Esvele, Adelaide y Linette.
La conversación fluía entre todos menos en Mayrebelle quien sólo se queda viendo su comida y pensando en Sandor y lo mucho que lo extrañaba.
—¿Tu crees que sea linda?— preguntó Talfen
—¿Eh?— habían sacado de sus pensamientos a Mayrebelle
—Kethra Frey— mencionó Alper, como si le estuviera recordando a su hermana lo que acababa de decir el
—Oh, claro. Es de las pocas Frey bonitas— contestó Mayrebelle todavía un poco desconcertada
—Poniéndote al corriente, querida hermana— mencionó Esvele —Alper se casara con ella pronto. Aunque se ve que seguro tienes cosas más importantes que pensar en esa pequeña cabecita tuya— sentenció la castaña casi rubia
—Perdón, Alper. Estoy muy feliz por tu compromiso— se disculpo
—¿No eres muy vieja como para estar soltera?— preguntó la mayor de las hermanas, con su comportamiento siempre tosco hacia Mayrebelle
—Lo es— le siguió Talfen. Entre Esvele, Adelaide y el siempre hubo una complicidad grandisima
—Pronto le encontraremos un marido a Mayrebelle, de eso no hay duda— indicó la madre de todos los más jóvenes
—Hay un caballero de Banefort que ya me preguntó sobre si Mayrebelle estaba soltera— comentó Garvin mientras sonreía para elevar los ánimos de su hija menor. Pero todo empeoraba para Mayrebelle al darse cuenta una y otra vez que no quería casarae con nadie que no fuera Sandor y ahora le sería imposible. La conversación solo era ruido de fondo entre los pensamientos negativos de la joven.

Llegada la noche fue a servirle la última comida del día a Tywin quien la esperaba con su mirada sería, cuando dejó la bandeja sobre el escritorio donde estaba sentado el Lord, Tywin tomó la mano de la damicela lo que hizo que lo viera directamente a los ojos. Se paro de su silla y se acerco hasta ella como un depredador a su presa
—Me encontré el poema que escribiste y dejaste en el libro— comentó Tywin al oído de Mayrebelle
—Perdone, mi señor, no quería que... —
—¿Tu amor sigue fértil a mi?— preguntó Tywin. Ahora Mayrebelle sabía lo que pasaba, el pensaba que el poema había sido escrito para el y que dejarlo ahí no fue un mero error sino una manera de confesión, Mayrebelle solo se quedó callada mientras temblaba
—Si— susurro la joven. El viejo león empezó a besar el cuello de la muchacha, sus besos eran delicados pero con confianza, sus manos se posaron en la cintura de la doncella y empezaron a subir hasta los senos donde dieron un apretón, Mayrebelle soltó un pequeño gemido que hizo a Tywin hervir más de lujuria, lanzándose a los labios rosados y hermosos de la joven, con un beso apasionado. Ambos interrumpieron el beso al escuchar que alguien tocaba la puerta. Tywin no respondió al instante viendo directamente a los ojos azules de la doncella mientras alzaba una ceja. La segunda vez que tocaron a la puerta fue la vencida y Lord Lannister respondió.
Era Kevan, el hermano de Tywin. Kevan pidió que la conversación fuera privada, haciendo que Mayrebelle se retirara con las mejillas sonrojadas.

Mayrebelle pasó por los almacenes del maestre Pycell, sacando solo una pequeña botella de sangre de dragon y se fue a sus aposentos sabiendo lo que sucedería en cualquier momento. Si iba jugar el juego, lo iba jugar de la mejor manera.

En su habitación pasó un poco de la sangre a un trapo que introdujo en su cavidad vaginal, así cuando Tywin la penetrará daría la ilusión de que todavía era virgen. Se puso un camisón corto y pegado y espero a lo que sabía que pasaría.
Alguien tocó a su puerta diciendo que Tywin la solicitaba en sus aposentos, sonrió al ver su prediccion ser cumplida.

Tocó la puerta con nerviosismo y Tywin le indicó que pasara.
—Mi señor, me han dicho que venga— comento Mayrebelle como si no supiera para lo que iba a los cuartos de Lannister
—Creo que tu y yo tenemos unos asuntos que terminar— mencionó Tywin mientras se acercaba a la dama y tomaba con sus manos su fina cara, la joven solo pudo sonreír con dulzura tratando de fingir inocencia.
Los besos se volvieron apasionados y las manos de Tywin tocaban todas las partes de Mayrebelle quien de vez en cuando respondía con gemidos que iban directo al libido del gran señor. Tywin empujó a Mayrebelle hasta la cama donde la recostó y la desvistio. Sin ropa los senos grandes y redondos de Mayrebelle con sus pezones asamolnados se dejaron ver haciendo que Tywin abriera los ojos complacido por la vista, se acercó a uno y empezó a plantearle leves besos mientras jugaba con el otro pezon, luego empezó a chuparlo con más fuerza haciendo que los débiles gemidos se convirtieran en sensuales gritos. El león se despojo de su pantalón y mientras devoraba a la joven en el cuello y boca introdujo su miembro haciendo que Mayrebelle sacara un grito, que (si bien falso) alarmó al león quien volteo abajo y noto el color rojizo
—Todavía eres virtuosa— comentó sorprendido el viejo Lord a lo que Mayrebelle sonrió con debilidad y puso hermosos ojos brillozos de cordero mientras asentía levemente. El Lord se lleno aún más de orgullo al arrebatar la castidad de una joven tan hermosa como una diosa. En respuesta sus primeras embestidas fueron suaves y amables, Mayrebelle sólo se quejaba como recordaba que se había quejado en su primera vez. Luego la velocidad aumentó y los sollozos de placer fueron más y más por parte de la pelirroja, incluso se abalanzó sobre los labios de Tywin quien se entusiasmo por la respuesta. El climax llegó para el viejo león quien rugio y dejó su semilla dentro de la joven.

Mayrebelle beso la frente de Tywin quien estaba exhausto —Buenas noches, mi señor— susurro con suavidad a Lannister. Se puso su camisón y salió de la habitación. El viejo león río ante la idea de que nunca antes había sido él quien fue dejado en la cama.

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