Nueve de diciembre.

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Les llevo menos de 24 horas concluir que el mueble que habían comprado era demasiado sofisticado como para ser armado por un inexperto, por lo que Harry termino accediendo a marcar a la tienda nuevamente para pedir ayuda con la única condición de que aparecieran cuando él ya estuviera en casa.

Así que ahí se encuentran, el alfa está sentado en un sillón con Louis sobre en su regazo, mientras miraban como tres hombres trabajaban en contruir la cuna. No les importaba si lucían muy melosos, justo la noche anterior Harry le había reabierto la marca mientras hacían el amor, así que sí, eso tenía a un Louis muy manso y necesitado de atención, comportándose caprichoso e infantil.

Pacientes y sin hacer mucho ruido esperaron a que terminaran con su trabajo, cuando todo finalizó Harry los acompaño hasta la puerta y después de disculparse por su comportamiento anterior los había despedido y regreso a la habitación del bebé dónde Louis lo esperaba metido completamente en la cuna.

Lucía tan tierno y adorable ahí que solo pensó en lo afortunado que era al tenerlo a su lado.

El mueble era amplio, con dos alturas. La primera nivel suelo y la otra un poco más arriba, esto era para simular un pequeño nido y el otro para parecer más una cuna normal; suficientemente amplia para que él o Louis pudieran meterse en la cuna con su bebé.

"Luces hermoso ahí." Halago ayudando al omega a ponerse de pie.

"Gracias por consentirme, alfa." Se abrazaron disfrutando del aroma del otro.

Menta y chocolate amargo envolviéndose en el dulce algodón de azúcar. Era una combinación extraña pero que había sucedido después del embarazo, sus olores habían cambiado, mientras Louis se volvía más dulce y pasaba de las frutas a un algodón dulce, el olor de Harry se había intensificado.

Ninguno de los dos se quejaba, les gustaba la diferencia y la forma tan exquisita de envolverse, así que no importaba. En realidad, casi nada les importaba. ¿Qué podía hacerlo cuando tenían lo que más deseaban?

¿Qué podía importar más que su familia y terminar su día en compañía de su alma gemela?

Absolutamente nada.

No importaba porque se tenían el uno al otro, amándose, compartiendo, demostrando, creciendo, complementándose.

"Haría todo por ti, mi vida." Presionó pequeños besitos en todo el rostro del castaño haciéndolo reír bajito.

"Te amo." Fue un murmuro suave, pero honesto. "Podría halagarte y adorarte el resto del día y de mi vida, jamás me cansaría."

Lo amaba como un niño amaba los dulces.

Lo adoraba como los humanos a los dioses.

"Te amo más, Hazz." Aseguró, sellando sus palabras dulces con un suave beso en los labios del rizado. "Nací para amarte, existo para amarte, estoy hecho para hacerlo toda mi vida e incluso después de ella."

Era una confesión, los dos lo sabían, lo sentían en el fondo del pecho.

Se profesaban el amor que sentían en voz alta y era tan diferente porque jamás habría palabras suficientes para decirlo todo.

Porque jamás existiría la forma correcta de contar los sentimientos que tenían hacia el otro porque nada lo describiría de la forma en que lo transmitían ni la forma en la que se veían.

Christmas dayHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora