Tomé un cigarrillo a escondidas de mi padre y me senté en la ventana de mi habitación.
Tengo los pies balanceándose con desinterés al vacío, y mi mente se debate entre la tristeza y la pérdida total de la cordura.
Un dolor punzante me recorre desde el cuello hasta la espina dorsal, dándome escalofríos, pequeñas corrientes eléctricas que me dan a entender que sigo aquí. Un poco perdida, pero al fin y al cabo, respirando.
La cabeza me punza. Había estado llorando como una bebé durante toda la noche y no pensaba parar ahora. No es la primera vez que la melancolía me ataca cuando creo por fin haber encontrado paz, y sé muy bien que tampoco es la última.
Suelto el humo acumulado dentro de mí con un suspiro.
La noche está fría y tranquila, apunto de llegar a su fin. El cielo no es totalmente negro ya, tiene un color violáceo, igual que los moretones de mis piernas.
Decido salir a dar una vuelta, aprovechando el sueño profundo de mi progenitor.
A veces, siento pena por mi padre. Tiene una hija depresiva e idiota, que se niega al cariño inmenso que le tiene.
Termino de poner mis jeans negros, dando un salto de la cama.
Camino con sigilo por los pasillos, tratando de no llevarme nada por delante. Estoy un poco mareada, pero me convenzo de que tomar un poco de aire no me hará ningún daño.
Jamás fui una mala hija. Nunca había fumado, bebido o drogado, al menos no hasta hace un par de semanas. Mis notas siempre fueron sobresalientes y consideraba que mi coeficiente intelectual era bastante alto.
Pero todo se fue al carajo.
Mamá nos dejó un veinticinco de Marzo de éste año. Un día antes de mi cumpleaños número dieciséis, exactamente ocho semanas atrás. Y sí, llevo la cuenta de los días porque mi vida no podría ser más deprimente.
Sigo caminando por las desoladas calles de Sydney. Comienzo a sentir los primeros rayos de sol impactando en mi rostro, llenando mis poros de luz y nublándome de a poco la vista.
A mamá le gustaba el amanecer… Le gustaba la sensación de un nuevo día de vida. Una nueva oportunidad para empezar proyectos nuevos, o concluir asuntos viejos. Mi madre era, es y será una persona maravillosa, siempre. Al igual que mi padre.
Y sin previo aviso, me empapo con lágrimas saladas y amargas que ruedan libremente por mis mejillas. Las limpio con brusquedad, restregando mi puño con fuerza sobre la piel enrojecida por el llanto.
Continúo mi camino, llegando así a un callejón sin salida que realmente, da miedo. Grafitis en las paredes y basura —que si no estoy drogada, noto que hasta se mueve—. Claramente, el hogar perfecto para un vagabundo…
—Cómo te decía, la tomé de las caderas y… —un chico moreno se me queda mirando. Tiene ojos azules, claros y puros como el mar—. Vaya, vaya… ¿Qué hace éste angelito ahora, a las seis de la mañana?
Su acompañante sólo me mira con repudio, moviendo una cicatriz que cruza su rostro desde la frente hasta la esquina del labio superior, a la par que sube las cejas.
Trago en seco. Soy una miedosa. Pero vale, ¿quién no tendría miedo de un extraño que te llama angelito? Me sorprendería que no quisieran violarme. Porque eso sólo pasa en los libros que me leía de pequeña:
Un acosador se le insinúa a una joven coqueta y éste termina siendo la mejor persona del mundo o hasta incluso ganándose el premio nobel de la paz.
Aunque, con las pintas que llevo, dudo que alguien quisiera tocarme hasta con un palo.
—Niña, ¿acaso no sabes que tendrías que estar en la cama? —nuestras miradas se juntan. El hombre de la fea marca en su rostro sólo observa al muchacho, que se acerca a mí tambaleante—. O la mía tampoco estaría mal, ¿verdad?
Está ebrio, lo siento cuando su aliento calienta mi nariz, inundando mis fosas nasales con un hedor poco agradable.
Sus manos callosas, rozan la piel de mi cadera por encima de la camiseta básica negra que traigo puesta. Doy un brinco, alejándome un poco. No sé si quiera prender la lavadora, menos voy a saber defenderme de un perseguidor.
A pesar de que es bellísimo, éste chico está dejando bien en claro sus intenciones conmigo.
—Aarón, vámonos ya. Aún tenemos que… —una tercera persona aparece. Un joven de rizos dorados, facciones muy lindas y con un cuerpo bastante marcado. Nos mira y menea la cabeza de un lado a otro, caminando hasta nosotros. Lo siguiente que hace me sorprende: una de sus largas piernas, golpea contra la izquierda del tal Aarón, dejándolo en el suelo.
—Muy bien hecho, Irwin —el hombre-cicatriz, que se había mantenido en un silencio sombrío hasta este momento, habla—. Ahora tendremos que cargarlo hasta el departamento…
—Sí, pero tú sabes muy bien lo que pienso de sus jueguitos machistas —mi atacante se arrastra por el suelo. ‘Irwin’, posiciona sus brazos debajo de las axilas del chico inconsciente y hala de él hasta su horrible amigo.
Yo sigo paralizada. El que fue mi salvador se acerca hasta mí, mostrando una sonrisa decorada por dos hoyuelos a cada lado de su rostro —Mi nombre es Ashton. Perdona al idiota de Tandler, se ha bebido hasta el agua de los floreros. Ah, y trata de no venir aquí muy seguido, o al menos no a ésta hora, porque entonces no será la primera vez que te lo encuentres.
Asiento, sintiendo que el aire ya puede entrar libremente a mis pulmones otra vez. Papá va a matarme. Suspiro y limpio el polvo que tengo en la espalda, mirando como el rizado y el hombre con cara de villano, se llevan a rastras al chico.
Me alejo del callejón, viendo que los tres se iban por el lado contrario al mío. Vuelvo la mirada al frente, encontrándome con un pecho que golpea el mío con fuerza, aventándome al suelo.
—¡Ugh!, ¡mierda! —mis ojos examinan con admiración al ser humano frente a mí. Tiene el cabello dorado, igual al sol matutino que se ha extendido en el ya despejado cielo. El color de sus orbes es igual de eléctrico que los del chico que había intentado tocarme minutos atrás. Sin embargo, el azul que él posee está apagado, sin vida, no parece ser vibrante—. ¿Podrías quitarte del camino? Gracias.
Usa un tono de voz áspero y para nada amable. Con dolor de trasero, me hago a un lado como puedo. Mis oídos distinguen los insultos que les grita a sus acompañantes.
Desde ese momento, ya no siento nada. Ya sea por estrés o cansancio, termino desmayándome en la acera, y el hecho de que han tratado de violarme pasa a un segundo plano, dejando a mi mente con una sola imagen que se proyecta una y otra vez, como una película vieja en la televisión a media noche.
Los ojos de ese chico rubio, no tenían vida. Y yo quiero saber por qué.
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High Hopes |Luke Hemmings|
Fanfiction«High Hopes, when you let it go, go out and start again. High Hopes, when all comes to an end, but the world keeps spinning around. » ➳ Kodaline — High Hopes. ❝En donde una chica busca soluciones para Luke Hemmings, el chico problemas. Sin embargo...
