cuatro.

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Papá me mira con la boca torcida y los brazos cruzados, apoyado en el marco de la puerta en mi habitación.

—¿Por qué no te quedaste dentro del shopping? Podrías haberte ahorrado el resfriado —pongo los ojos en blanco. Han pasado tres días desde que Luke me dejó parada como una idiota, pensando en lo lindo que le queda ese estúpido aro de metal en el labio.

—No lo sé, pá. Porque soy imbécil, ¿quizá? —él niega con la cabeza, acercándose a mí. Pasa sus brazos por mi cuello, intentando reconfortarme en un abrazo paternal, pero ¿realmente puedes arreglar todo lo que se ha roto?

—Tengo que irme a trabajar, ¿vale? En la cocina hay sopa de pollo caliente y té por si te da hambre. Vuelvo en unas horas… —suspira, se pone de pie y cuando cierra la puerta, siento que mi alma se desmorona en una exhalación exagerada.

La televisión está prendida, y en ella, un maratón del programa Bully Beatdown anima mi tarde de depresión y mocos.

La serie consiste en una o más personas a las que les hacen bullying o las maltratan. El conductor del programa, se encarga de buscar a los patanes —mayormente niños ricos con caras bonitas— que dañan a sus víctimas y los hace pelear contra un luchador profesional por diez mil dólares. Sin embargo, si el bravucón no logra mantenerse de pie en ninguno de los dos rounds, todo el dinero va para los acosados.

Esbozo una media sonrisa, pensando que no estaría nada mal llevar a Luke ahí.

Suelto un estornudo y mi celular comienza a vibrar, indicando un mensaje. Es Mike.

hey, me enteré que estás enferma. Estoy con Calum, ¿podemos ir a molestarte?”

 “Supongo que sí, pero con una condición. ¿Quién es Calum?”

“¿qué quieres ahora? Calum es el negro al que mandaste a la mierda por sus condones caducados. Por cierto, gracias a eso, va a ser padre.”

Suelto una risa tonta, recordando al pobre chico desesperado por sus preservativos. ¡No puedo creer que esa cosa, vaya a tener un hijo!

“Cómprame más galletas de chispitas, pls. Se acabaron.”

Mi mejor amigo ya no responde, y yo me dedico a analizar todo lo que me ha estado pasando en la semana.

Primero: conocí a una banda de chicos malos, que según Michael, se encargan de quemarle la casa a la gente que no les cae bien. Pero que a mi parecer, son dominados por sus novias. —Indirecta para Ashton—.

Segundo: uno de esos chicos, se llama Aarón e intentó llevarme a su cama apestando a alcohol y colonia de hombre en oferta.

Tercero: conocí a Luke Hemmings, y me llevó —a rastras, por supuesto— al centro comercial. Donde terminé por conocer a la que sería mi cuñada si Ashton no me hubiese salvado esa noche en el callejón.

Ese día, Hemmings me había dejado bien en claro que teníamos una charla pendiente, así que yo ya estoy imaginando mis posibles formas de muerte.

Muchas son las preguntas que tengo en mente: ¿qué quiere él de mí? ¿qué quiero yo, de él? ¿por qué no me negué el día que me arrastró hasta el centro comercial? ¿por qué no le solté la mano cuando tomó la mía?

Hundo mi cabeza en la almohada, comenzando a desesperarme. Quizá sólo debo olvidar todo lo que pasó los últimos días, y esperar a que vuelva a ser como antes; aburrido y monótono. ¡Mi patética vida estaba bien así!

Sin embargo, algo en mi interior, una estúpida sensación, me dice que Luke no va a descansar hasta dejarme en claro lo que tiene que decirme. Y es horrible, porque creo que no quiero volver a tratar con él.

El timbre suena insistentemente, y sé que es Michael porque le molesta cuando no atiendo al primer sonido.

Bajo las escaleras, en las cuales un camino de pañuelos se traza cual Pulgarcito en el bosque.

—¡Alex! —Clifford me abraza por la cintura y mis pies despegan del piso levemente. Amo cuando hace ese tipo de cosas. Mi cabeza descansa en su hombro, y con los ojos entrecerrados, puedo ver al chico de gran nariz que mandé a la mierda hace unos días.

—Hola, soy Alexa —le tiendo la mano y él sonríe. Lleva una remera blanca, una casaca negra y unos jeans del mismo color. ¿Acaso todo el mundo se ha vuelto fan del color negro ahora? La moda “Luke emo Hemmings” está dominando el mundo. Aunque si miro mi guardarropa, no me puedo quejar.

—Calum, alias, chico condones —mira a Mike con el ceño fruncido y el teñido ríe inocentemente.

—Y dentro de nueve meses serás el padre irresponsable —Calum le da un golpe en la cabeza a Michael, yo los invito a pasar.

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—Parece que hubo un tsunami de mocos aquí —ambos chicos hacen una mueca de asco y me encojo de hombros.

—Al menos, esos mocos están en el piso y no en tu bello rostro —Mike me saca la lengua y yo hago lo mismo—. ¿Trajeron mis galletas?

Calum me tiende un paquete color azul cielo, con el logo de una abuela horneando masas —¡Muchas gracias! —sonrío, para luego estornudar en el brazo del chico frente a mí.

—Ugh, de nada —friega su extremidad contra la manga de Michael, haciendo que éste se aleje.

Luego de eso, los tres nos tumbamos en mi cama a charlar de cosas estúpidas. Era rutina tener a Mike todo despatarrado sobre mi cama, pero a Calum recién lo conocía y parecía no tener ningún problema en arrojarse, literalmente, al colchón.

—Así que, conociste a Luke Hemmings —otra vez con el rubio ese.

—Ya te dije, Mikey. No fue nada —Calum nos miraba atento—. Simplemente un intercambio de miradas, nada más…

—Yo soy amigo de Hemmings —ambos miramos al moreno. Michael con los ojos bien abiertos, y yo, sin expresión alguna—. ¿Qué? Él fue el que me presentó a mi novia.

—¿Cómo se llama tu novia? —trato de evadir el tema. No me apetece hablar de idiotas hoy.

—¿Por qué eres amigo de ese malandra y nunca me dijiste? —y cómo siempre, Clifford tiene que cagarla.

—Salma, pero todos le decimos Jeth —esboza una sonrisa tierna, de esas que esconden miles de emociones detrás—. Y nunca te dije que somos amigos porque probablemente hubieses huido a China antes de conocerme completamente.

—Si huiría, no iría a tu país natal. Ya veo puedes encontrarme y todo —el chico enarca una ceja. Me rio tontamente, metiendo una galleta a mi boca.

—Eres un… —Hood no termina la frase, la puerta suena en la planta baja. Me paro y abrigo mis pies con unas pantuflas de conejo.

La sala de estar, es un congelador. Y me parece raro, porque creo recordar que dejé la calefacción encendida. Abro la puerta, soltando un bostezo involuntario.

Nadie espera del otro lado.

Hago una mueca, fijando la mirada en un papel blanco y arrugado que descansa en la entrada de mi casa.

Mañana, en el parque central a las cuatro. Ni se te ocurra faltar. Aún tenemos que hablar.” A pesar de que la caligrafía es horrible, logro entender el mensaje. Un escalofrío recorre mi espina dorsal de arriba abajo.

¿Cómo mierda Luke Hemmings, consiguió mi dirección?

El día que salimos juntos, duh.

¿Un posible usurpador de casas, bastante guapo y con menos humor que mi vecina en sus días, sabe dónde vivo?

Muerdo mi labio, debatiéndome entre si decirle a los chicos que están arriba o no. ¿Acaso estoy asustada?

Un pensamiento cruza como un flash por mi cabeza: Luke mordiendo su piercing.

Y a la mierda, quizá vaya a ese parque sin autorización alguna.

¿Charla con un bad boy? Ya veremos qué pasa.

High Hopes |Luke Hemmings|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora