Día 75

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Quiero llorar ante lo que veo.

Max también quiere llorar.

Y Maia se ríe, aumentando nuestra rabia.

—Me veo ridículo. —Se queja Max señalando su traje de etiqueta, el cual tiene una corbata, camisa de botones e incluso mancuernas en las muñecas ¡¿Cómo hay personas malvadas que las hacen de ese tamaño?! Y peor aún ¿Cómo se atrevieron a ponerle un pañuelo al traje para rematar?

—Si te ves ridículo. —No puedo decirle lo contrario. Parece un mini Elijah y ya tengo suficiente de eso con Eliot. —¿Quién le regaló eso?

—Eliot. —Creíble la respuesta de Maia. No la veo, solo tengo ojos para Max ahora, pero sé bien que está sonriendo ante su horrible creación. —Supongo que sus padres pagaron, pero Eliot lo eligió.

—Ningún hijo mío pasará el 25 de diciembre luciendo así. —Declaro y me acerco a Max para poder quitarle el abrigo de su traje. Él sonríe y comienza a sacudirse para ayudarme a quitárselo.

—¡Ay, Kol! —Chilla Maia molesta. —Pero si se ve tan adorable. —Se queja cuando dejo caer el abrigo.

Max se lleva las manos al cuello para poder quitarse la corbata azul y en cuanto lo logra le desabrocho los primeros botones de la camisa, haciéndolo lucir un poco mejor a como estaba antes. Si tuviera el cabello más largo la cosa mejoraría, pero al menos el corte que tenía desapareció.

—Mucho mejor. —Declaro viendo mi obra de arte. —Ya eres un digno hijo mío de nuevo.

—Gracias, papá. —Celebra Max aplaudiendo, feliz porque le quité parte de su aburrido traje ¿Cómo Elijah y Eliot lo soportan cada día del año? No lo sé y nunca lo entenderé. —Ve a jugar, yo me quedaré con tu madre un rato. —Pido y Max asiente, después huye despavorido de la habitación en busca de Kiara y Eliot.

Cuando volteo, Maia tiene la cabeza ladeada y una sonrisa curiosa.

—Se va a ensuciar. —Me regaña pasándome de largo, toma el abrigo y resignada lo deja caer sobre la cama. —Y tú serás quien lidie con Rebekah y su preciada fiesta de navidad.

—Oh, vamos, no seas gruñona de nuevo. —Suplico acercándome a ella y le rodeo la cintura con los brazos. Me gusta la sensación de la tela sedosa de su vestido, sin embargo, preferiría que no lo tuviera. —Una pequeña reunión y ya.

—Dile eso al ejercito de meseros que contrató. —Maia me rodea el cuello con los brazos y así su rostro está a solo unos centímetros de distancia del mío. —Y que me despidió de la cocina.

—Puede que ames cocinar, pero en una fiesta creada por Rebekah lo único que debes hacer es bailar. —Me aparto sujetando sus manos y mientras ella sonríe le doy un giro de baile grácil que ella sigue, yo me aprovecho de la situación para poder ver su linda figura marcada por el vestido color amarillo que usa. —Y beber un par de copas hasta llamar a tu hijo sandía, nada más.

—Eres tan irritante. —Se queja con los dientes apretados, pero mis chistes no le impiden rodearme de nuevo con sus brazos. —Pero por una vez me voy a embriagar y tú te aseguras de que Max no incendie nada.

—Esa tarea es de Rhiannon. —Maia menea la cabeza. —Pero puedo asegurarme mientras tú bebes hasta olvidar tus problemas.

—¿Cómo el problema de que ya no tengo empleo? Oh, espera, también están las cuentas, la colegiatura de Max...

—La colegiatura ya está paga, soy un padre responsable. —Mi Conejito abre los ojos de par en par, pero no parece sorprendida por mi comentario. —Y lo de las cuentas podría resolverlo igual, aunque sería más fácil si simplemente vienes a vivir aquí.

El Mensaje Extra {Kol Mikaelson}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora