CAPÍTULO DOS

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"Me fui y no hice ningún ruido,

estaba en ese punto en el

que caminar en silencio era

el único acto de amor propio"

(Jarhat Pacheco)

La primera vez que lo vio cargaba un gran canasto sobre sus hombros, cualquiera diría que ese canasto era muy grande para su pequeño cuerpo, pero él parecía no tomarlo en cuanta, solo tarareaba una extraña melodía, mientras que de vez en cuando una hermosa sonrisa aparecía sobre sus voluminosos labios, una mirada traviesa y unos ojos soñadores, ojos que fueron su más grande perdición, fue como haber encontrado su estrella, su mirada lo recorrió y simplemente lo supo, su corazón lastimosamente cayó rendido por él en ese preciso momento.

Día a día a pesar de que no era necesario, iba a las plantaciones, una fuerza extraña lo arrastraba hacia ese lugar y, cuando entraba la tarde lo veía quitarse los zapatos y subirse al árbol más grande de la hacienda para contemplar el atardecer, allí suspiraba y cerraba los ojos pidiendo un deseo, que básicamente siempre era el mismo, "deseo que seas feliz, allí donde estés, espero que seas muy feliz, tu hijo ha crecido madre, así que no te preocupes mucho", después que él sol se ponía en el horizonte el chico se acomodaba sobre al árbol y miraba las estrellas, ignorando que él mismo era la estrella más resplandeciente que Off pudiese conocer, se quedaba allí hasta que sonaba la campana anunciando la cena.

Esa noche como era su costumbre, Off camino hacia aquel árbol y lo observó trepar, pero cuando sonó la campana que anunciaba la cena él no descendió, preocupado Off acercó los pasos en su dirección, y al llegar notó que él dormía plácidamente sobre una rama, subió para despertarlo, nunca había estado tan cerca de él y se sentía nervioso.

- Despierta..., muchacho. – Lo movió delicadamente, pero él parecía profundamente dormido. – Hey – Susurró. Fue cuando él abrió los ojos y fijó su ojos en los suyos.

- ¡Ahhh!. – Gritó asustado perdiendo el equilibrio para que ambos fueran a dar sobre la hierba, aunque Off se llevó la peor parte, por que él chico cayó sobre su pecho, sin embargo, a pesar de que le dolió horriblemente la espalda, aquella hermosa mirada lo distrajo.

- ¿Estás bien? – Preguntó hechizado.

- Lo siento, me asusté. – Dijo. - ¿Usted está bien?

- Si, yo estoy muy bien. – La verdad creía estar viendo un ángel y sus brazos estaba rodeando confianzudamente ese pequeño cuerpo sobre el suyo.

- ¿No me va a soltar para que me levante? – Él tenia la vista fija sobre sus ojos y aquella pregunta fue hecha apenas con un hilo de voz.

- ¿Debería? – Preguntó tontamente.

- Debería examinar su espalda, me parece que fue una gran caída. – Aquello labios eran una tentación casi imposible de resistir.

- Debería, ¿verdad?, pero estoy bien. – Su expresión era de absoluta confusión, pero cuando terminó de decir eso, el joven le dio una brillante sonrisa.

- Si usted lo dice. Pero, aun así, ¿no debería soltarme para que nos levantemos? – Preguntó, pero el tampoco hacia ningún intento para soltarse.

- ¿Cómo te llamas?

- Soy Gun...

- ¿Gun?

EL MALO DEL CUENTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora