"Te amé de todas las maneras posibles y aun así no logré que te quedarás.
Tú eras para mí, pero yo no era tuyo".
(Juan Ardíni)
El camino de tierra que se tomaba para salir de la hacienda de los Adulkittiporn se le hizo eterno, la primera vez que vio los majestuosos árboles que adornaban aquel sendero le resultaron maravillosos, pero, ese día le parecían lo más aterrador que pudiese imaginar, el viento golpeó su cara y entumeció sus pies desprovistos de calzado, hubiese querido llorar, pero presentía que una roca estaba reemplazando el lugar donde debería estar su corazón, no sentía nada, o quizás solo estaba en alguna especie de shock, debía mirar el lado positivo, al menos no llovía.
Tenía tanto frío, un frío que calaba los huesos, era invierno, ellos pudieron dejar que sacara sus cosas, pudieron darle una chaqueta, al menos pudieron permitirle pasar la noche en el establo, al menos un par de zapatos hubiese sido suficiente, al menos eso, nunca pidió nada, sabía de sobra que ni siquiera la ropa era de él. ¿Qué clase de ser humano echaba a otro a la calle solo con un piyama?, las nauseas vinieron a él recordándole que tenia que encontrar un lugar donde refugiarse, no quería morir, no podía permitirse desfallecer.
Siguió caminando, sus pies algo acalambrados y ya heridos de pronto comenzaron a fallar, pero si se sentaba, la hipotermia haría su trabajo. De pronto la luz de un coche llamó su atención, el lujoso auto paso por su lado, pero al cabo de algunos minutos volvió para detenerse justo a su lado y de la parte trasera la voz de un hombre lo llamó.
- ¡Muchacho!, ¿Hacia dónde vas a estas horas? – El hombre, no tan mayor lo miró casi con pena.
- Lejos, lo más lejos que pueda. – Contestó, él hombre posó su vista en los labios ya morados del chico.
- ¿Cómo te llamas? – No le diría su nombre real, quizás si sabia quien era, no querría ayudarlo.
- Rome. – Dijo recordando el nombre de un viejo amigo al que conociera trabajando en las plantaciones de la hacienda, a él no le importaría que tomara su nombre prestado.
- ¿Quieres que te lleve?
- ¿Puede dejarme en algún lugar donde pueda pasar la noche?
- Sube, hace mucho frío para que te quedes ahí fuera. – El lo recorrió con una mirada amable, tratando de transmitirle confianza y se detuvo en sus pies descalzos.
- ¿Dónde están tus zapatos?
- Los he perdido. – Le respondió. – He perdido mis zapatos. - Luego él ordenó a su chofer que ajustara la calefacción y le extendió una manta.
Después que arrancara el auto, no pudo evitar que una lagrima resbalara por su mejilla, al sentir que ese señor lo arropaba, lo hizo desear no estar solo en el mundo, si hubiese tenido un padre todo sería diferente, la sola muestra de amabilidad de su parte, le había abierto una herida. - No pasa nada. - Se consoló, lloraría, pero esa sería la última vez que derramaría una lagrima, él no las merecía, lo había abandonado, al igual que todos. El cálido aire lo arrulló y después se quedó dormido.
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EL MALO DEL CUENTO
RomanceArgumento: El presidente Jumpol echó sin contemplaciones a su joven esposo después de descubrir que lo estaba traicionando. Gun volvió a buscarlo, pero un implacable Off por medio de su abogado le extendió un cuantioso cheque para que desapareciera...