CAPÍTULO SEIS

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"Hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos, una frontera de palabras no dichas entre tus labios y mis labios y algo que brilla así de triste entre tus ojos y mis ojos"

(Mario Benedetti)

Off siempre recordaría cuando de manos de su propia madre recibió la peor de la noticias, un sobre con las evidencias de que su adorado Gun tenia un romance con su socio y amigo Man, había fotografías, también documentos que acreditaban una cuenta en el extranjero por miles de dólares, la cuenta a nombre de Gun, ¿Qué más prueba necesitaba? - ¿Qué otra evidencia necesitas Off? – Le había dicho su madre. Solo el hecho de que Gun hace semanas se había estado comportando de una manera extraña.

Era una noche fría, tan fría como estaba sintiendo su corazón, el camino a la hacienda de pronto se volvió peligroso y el auto resbalo en el pavimento, a pesar de que el accidente fue leve, no pudo llegar a casa ese día, iba a pedirle a Gun que le explicara todo aquello, pero cuando llegó, él ya se había marchado, su madre le dijo que Man fue por él y así lo confirmaron los trabajadores de la hacienda.

Lo buscó, por semanas enteras, hasta que decidió que tenia que irse, la única forma de olvidar a Gun era esa, salir del lugar donde lo conoció, era una pesadilla mirar todos los días ese árbol donde solía subir a contemplar las estrellas.

¿Qué hacía Gun abandonando la hacienda a pies descalzos?, quien lo sacó fue el señor Phunsawat, no Man como le dijeron y en ese momento las cosas comenzaron a resultarle extrañas, pero ¿Cómo podía dudar de su propia familia?

Pasearse de un lado para otro era algo que el presidente Jumpol hacia con frecuencia los últimos meses, desde que Gun se fue, desde que lo traicionó con alguien más, Off Jumpol jamás volvió a ser el mismo, el amor lo tuvo cegado por unos años hasta que descubrió la verdadera cara de su joven esposo, o eso creía, porque después de que el doctor le dijo que él estaba esperando un bebé, comenzó a cuestionarse todo.

Después de recuperarse del impacto lo único que podía hacer era llamar a sus amigos, por desgracia Sigto no le contestó y Tay, Tay a pesar de maldecirlo por despertarlo a esa hora, fue hasta la clínica.

- ¡¿Qué se supone que haga?!, ¡¿Eh, Tay?!, ¿Qué se supone que haga? – Tay lo miró con angustia, la misma que estaba experimentando él en ese momento. - ¿Cómo es posible?, ¿un bebé?, ¿él tendrá un bebé?

- El doctor ya te ha explicado por que se da esa condición. ¡Ahora cálmate por favor! – Su amigo estaba igual de alterado, la diferencia es que Tay se estaba mordiendo las uñas.

- ¡Lo sé...!, ¡lo sé...!, ¡pero ¿es mío Tay?!, ¡¿ese bebé es mío?! – Se agarró la cabeza y tironeó su pelo antes de sentarse al lado de su gerente.

- ¿Cabe alguna posibilidad de que sea tuyo? – Preguntó él, tratando de asimilar lo que le estaba contando.

- Si..., pero también puede ser de Man, ellos tuvieron un romance.

- Supongo que Gun no te dirá la verdad. ¿no es así?

- No lo hará, se ha vuelto un ser totalmente hermético, no dice nada.

- Creo que tendrás que esperar a que el bebé nazca y pedir una prueba de ADN. ¿Estás seguro de que él tuvo un romance con Man?, ese tonto se fue hace meses a una clase de retiro espiritual... - Dijo Tay extrañado.

EL MALO DEL CUENTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora