Dos largos años... Dos años hablándote, besando tus manos quietas, esperando que abras los ojos... contándote todos los planes que tenía para nuestro futuro.
Dos años viéndote dormir en esa fría cama de hospital que hoy se terminan.
Fuiste y sos la...
El cambio de turno de Yeri hizo que nuevamente volviéramos a nuestra rutina de dormir juntos casi a diario, y los roces que habíamos tenido a causa de ese tema quedaron atrás otra vez, al menos mientras no hubiera cambios en los horarios de nuevo. Vivíamos como en una película romántica cuando estábamos solos; era como un sueño: charlar, compartir películas en el sofá, hacer el amor una y otra vez. Pero como todo sueño tenía que terminar, y el despertar no fue para nada lindo.
El caos se desató cuando a Yeri le dieron sus tan esperadas vacaciones: dos semanas enteras en las cuales iban a tener que convivir obligadamente con Jimin. Porque yo no pensaba dar mi brazo a torcer con respecto a ir a tu casa, y Yeri no tenía otro lugar a donde ir, obviamente porque esta era también su casa. Y no solo era ese el problema; también estaba el viaje a la casa de sus padres. Yo le había hecho una promesa y no podía fallar, pero sinceramente no sabía cómo te ibas a tomar la noticia, Jimin.
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