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Poco a poco, todos se fueron retirando a sus casas. Namjoon ya estaba dentro de la habitación contigo y Yeri andaba ocupada encargándose de otros pacientes que también necesitaban de su atención. Así que, sin más, me quedé solo sentado en el pasillo.

Ya me había cambiado de ropa; Yoongi me había traído varias mudas por si acaso y también algunas bolsas de snacks por si me daba hambre a mitad de la noche. Sinceramente, tenía el estómago completamente cerrado y dudaba que fuera a tener ganas de comer algo por las próximas horas, pero agradecía el gesto de mi amigo de todas maneras.

Las sillas, como ya mencioné antes, eran muy incómodas, pero no tenía más opción. Aprovechando que era el único que estaba por allí, estiré mi cuerpo sobre varias de ellas y, con la mochila, improvisé una especie de almohada para poder descansar un poco mejor. Dormir se estaba tornando una tarea difícil; al cerrar los ojos, la escena que se repetía una y otra vez como una pesadilla interminable era la de tu cuerpo volando a través de la acera y estrellándose fuertemente contra el pavimento. Cada vez que empezaba a relajarme, esos instantes de desesperación y dolor volvían a atormentarme.

Cansado de intentar conciliar el sueño, me levanté y fui en busca de una máquina de café; la noche sería muy larga e iba a necesitar bastante cafeína para poder atravesarla. No podía dejar de pensar en qué hubiera pasado si ese maldito auto no te hubiera embestido. No sabía qué había sucedido con el conductor; fue tanta la desesperación de verte tendido inerte en el suelo que no pensé siquiera en ver quién conducía. Estaba seguro de que, durante los próximos días, se comunicarían con alguno de nosotros para hacer la declaración en la policía. En ese momento era lo que menos me importaba; solo quería que te recuperaras y poder tener contigo esa charla que no pudimos siquiera comenzar.

Tu sonrisa al leer mi mensaje y tu "yo también" estaban marcados a fuego en mi mente. Estaba seguro de que todo iba a mejorar a partir de ahora. Habíamos tenido nuestro tiempo alejados, cada uno por su lado ocupándose de su propio bienestar, y ya era momento de poner todo lo aprendido en práctica para poder vivir de una vez nuestro amor de una manera sana.

La mañana siguiente me desperté con los zarandeos tan suaves de Yeri. Al parecer, en algún momento el sueño me venció y amanecí hecho una bolita entre las sillas.

—¡JK, despiértate! Estás todo torcido, te vas a quedar duro si sigues en esa posición.

Me estiré para desperezarme y me dolía hasta el alma. Frente a mí tenía una taza de café caliente y unos bollitos dulces. Al parecer, mi apetito estaba regresando de a poco, ya que mi estómago, al sentir el aroma, gruñó fuertemente.

—Gracias, Yeri... eres la mejor —dije mientras le regalaba una sonrisa adormilada. 

—Ya lo sé, JK. Toma eso para que te despabiles. En un rato seguramente pase el médico a revisar el estado de Jimin y, si estás despierto, quizás puedas escuchar el parte. Igualmente, de todo lo que me entere vengo y te cuento. Por suerte, pasó la noche sin ninguna complicación.

 —¿Tú puedes entrar en cualquier momento a su habitación?

 —Sí, tonto. ¡Trabajo aquí, duh! —me respondió mientras rodaba los ojos. 

—Tienes razón... creo que todavía estoy algo dormido. ¿Hay horario de visita en este sector o es como en terapia intensiva? 

—Hay horario de visita, JK. Así que a las dos te puedo hacer pasar sin problema. Solo se permiten dos personas a la vez y dura una hora, así que trata de estar aquí para que no te quiten el lugar... ya sabes, sus padres o alguien. 

—No me pienso mover de aquí. Lo lamento por todos los demás, pero esa hora es mía. 

—¡Así se habla! Esa es la actitud que quiero ver. Si todo sigue igual, mañana quizás le empiecen a quitar los sedantes de a poco y se empiece a despertar.

Miraculum *Kookmin* COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora