Me quedé paralizado por un breve momento, pero, gracias al cielo, reaccioné para salir detrás de ti. No cometería el mismo error; no iba a dejarte subir a ese auto en el estado en que te encontrabas.
Corrí a través de todo el salón y salí chocando con todas las personas que se cruzaron en mi camino. No me importaba absolutamente nada, solo tú, Jimin. Te alcancé a pocos metros del auto; ya tenías la llave en la mano, así que me abalancé sobre ti y, aunque luchaste contra mí, pude quitártelas.
—¡DEVUÉLVEMELAS! —gritaste. Pero no había nada ni nadie en este mundo que pudiera hacerme dártelas.
—¡No! No te vas a ir de aquí así. Esta vez no te voy a dejar.
—Si no me las das, me voy a ir caminando.
Intentaste irte, pero te intercepté. Estaba decidido a impedir que algo malo te pasara otra vez.
—¿No entiendes que quiero estar lejos de ti? ¡Déjame en paz!
Las lágrimas no cesaban; ya tenías el rostro rojo y los ojos hinchados de tanto llorar. Tu voz salía completamente rota y yo sentía que no iba a poder mantener la compostura por mucho tiempo más. Sentía la garganta cada vez más cerrada y el corazón me palpitaba descontrolado. Pero uno de los dos tenía que estar medianamente consciente para prevenir otra tragedia.
—Jungkook, dame las llaves... por favor, déjame... déjame ir y vete con él.
—Jimin, ¿qué tengo que hacer para que me creas? Te lo juro por Dios, no hay nada entre él y yo. Solamente le hice una sesión de fotos; es trabajo, nada más.
—No me tomes por estúpido, Jungkook... ya no más. Me acuerdo de todo; lamentablemente, ahora me acuerdo de todo.
Empezaste a golpearte la cabeza con los puños, como queriendo eliminar todos esos malditos recuerdos que te dañaban tanto.
—¡Para, Jimin, por favor! ¡Descárgate conmigo... pégame si quieres, pero no te lastimes!
Quise tomarte las manos, pero era imposible. Estabas completamente perdido en tus pensamientos. Te tapaste la cara, desesperado; tus manos temblaban sin parar. El ángel hermoso que había llegado conmigo hacía poco más de una hora se había desvanecido por completo, quedando reducido a un mar de lágrimas, desconsuelo y odio.
—Vamos juntos a casa, hablemos, amor, por favor, te lo pido. Déjame contarte cómo fueron las cosas; tienes todo mezclado en la cabeza—te rogué desde lo más profundo de mi ser.
Sería capaz de arrastrarme por tan solo un poco de tu compasión. Yo no valía nada si te perdía de nuevo; sentía que me moriría si no me dejabas solucionar el malentendido. Ya no tenía orgullo... todo lo que me importaba eras tú.
—No te aproveches de mi problema para poner las cosas a tu favor y no me digas "amor"... tú y yo ya no somos nada.
Quería abrazarte, hacerte recordar cuánto te amo, pero no me dejabas. Cada vez que me acercaba un poco más, tú me empujabas con fuerza.
—Si no me vas a dejar ir, al menos ábreme la puerta; no quiero estar aquí afuera contigo.
Yo estaba entrando en un ataque de desesperación. No parabas de llorar y no me dejabas explicarte ni consolarte. Así que abrí el auto y automáticamente te metiste y trabaste las puertas. Me tranquilizaba un poco saber que no ibas a poder arrancarlo; podía escuchar tus sollozos cada vez más intensos.
Estábamos tan cerca y, a la vez, tan lejos. Las lágrimas empezaron a caer por mi rostro sin control. Estaba llegando al límite de lo que podía soportar. Te escuchaba, Jimin; te escuchaba llorar y maldecirme. Escuché cómo le pegabas al volante descargando toda la bronca que en ese momento estabas sintiendo hacia mí. No sabía qué hacer... y nuevamente tuve que recurrir a la única persona capaz de contenerte en un momento así.
ESTÁS LEYENDO
Miraculum *Kookmin* COMPLETA
FanfictionDos largos años... Dos años hablándote, besando tus manos quietas, esperando que abras los ojos... contándote todos los planes que tenía para nuestro futuro. Dos años viéndote dormir en esa fría cama de hospital que hoy se terminan. Fuiste y sos la...
