—Lamento no poder estar contigo cuando te llamaron. —Gojō se acerca a mí con una manta entre sus manos, la extiende y la coloca sobre mis hombros.
Estoy sentada en el sofá frente al televisor apagado, mirando fijamente hacia la nada, tratando desesperadamente de no pensar en todo lo que me ha pasado últimamente.
—James y el bebé...
—Están bien ahora: se encuentran seguros y bajo mi protección. — asiento con la cabeza y luego subo los pies al sofá; pongo mis rodillas a la altura de mi pecho escondiendo mi cabeza entre ellas mientras las lágrimas comienzan a caer sin mi permiso.
Siento como el sillón se hunde a mi lado y la mano de Satoru acaricia mi cabeza. No dice nada como cuando murió mi abuela, solo está allí... conmigo.
—¿Quién podría odiarme tanto como para hacerme esto? —le pregunto—. Siempre pensé que no quería nada, que no necesitaba nada porque nunca tuve a nadie... solo mi abuela. Después apareciste tú y... Jess. —me levanto sorpresivamente del sofá y me paro frente a Gojō, lo tomo de la chaqueta fuerte y lo sacudo un par de veces—. ¡Le quite a su esposa, le quite a su madre!, ¡¿cómo se supone que debo mirarlos ahora?! ¡Todo es mi culpa! ¡Todo es mi culpa! ¡Todo es mi culpa!
Satoru se levanta y me estrecha fuerte entre sus brazos.
Esta es la segunda vez que me abraza de esta forma: es el abrazo de consuelo que solo guarda para mí, lo sé porque sus sentimientos me llegan completamente.
—No es tu culpa.
—¡Lo es!, ¡es mi culpa! Si tan solo... si tan solo la hubiera dejado venir conmigo entonces tú podrías haberla protegido. Yo fui estúpida y egoísta; estaba tan feliz de pasar tiempo contigo y con Yuuji que me olvidé de ella por completo. —correspondo el abrazo de Gojō y lo aprieto lo más fuerte que puedo. Estoy tan molesta, tan ofuscada.
—No, no lo es. Escúchame Kyoko, yo tampoco estuve allí cuando me necesitó y ella me llamó a mí, no a ti. Yo también estaba tan feliz de tenerte aquí... que simplemente creí que estaba tratando de molestarme. Aun así, no es culpa de nadie, solo del hijo de puta que dejó dos dedos de Sukuna en su casa, con su hijo y esposo que no son hechiceros.
Me separo lo suficiente de él para poder levantar la vista y mirar su rostro, el mismo rostro que está contraído por la furia. Levanto mi mano y le quito la venda de los ojos: su cabello cae al igual que sus lágrimas.
—Fue una buena madre hasta el final entonces. —me mira con esos ojos tristes que hacen que me dé cuenta de que no solo yo estoy sufriendo.
Sí, a mí fue a quien llamaron, pero Satoru fue el que la vio, el que corrió detrás del rastro de lo que sea o quién sea que haya hecho esto... y el que falló en alcanzarlo.
—Kyoko, voy a matar a cualquiera que esté detrás de esto... solo... no te desmorones, cada vez que te veo rota... es... como si una parte de mí también muriera. —me paro sobre la punta de mis pies para alcanzarlo un poco mejor y poder lamer las lágrimas que caen por su rostro.
No se mueve, solo me mira. Sus manos ahora se encuentran sobre mi cintura y las mías sobre sus hombros.
—Tú eres mi roca en momentos como este, Satoru Gojō; pero... ¿quién es la tuya? ¿acaso al decir que eres el hechicero más fuerte, pierdes la oportunidad de volverte vulnerable? Lamento pensar todo el tiempo que esto se trata de mí. —vuelvo a abrazarlo, aunque esta vez paso mis brazos sobre su cuello y acaricio su cabello con mis manos. Él nota que he comenzado a cansarme de estar sobre mis puntillas, así que como si no pesara, nada me levanta.
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Falling. | Satoru Gojō
Fanfiction"Olvida lo que dije, No es lo que quise decir, No puedo retractarme, No puedo desempacar el equipaje que dejaste." ¿Algún día vendrás a decirme cómo terminamos de esta manera Satoru Gojō? Nota: Algunos personajes pertenecen a Gege Akutami (la ma...
