Michael se mordió los labios, respiro profundo y asintió con la cabeza, porque de haber pronunciado una sola sílaba estaba seguro que lloraría.
Había despertado aquella mañana con la vista de Tai arreglándose diligentemente, y en su ignorancia había hecho un comentario como: "con quien es tu cita", una frase de la que se arrepintió al instante siguiente cuando Taichi se acercó y mirándolo a los ojos respondió, "con Matt".
Michael sintió como le arrancaban el corazón del pecho, sin embargo, se forzó a mostrarse tranquilo mientras veía al hombre que amaba peinar su cabello y perfumarse. A las diez de la mañana Taichi se digno a prestarle atención, camino hasta la cama, de donde Michael no se había movido desde que abrió los ojos, para depositar un beso suave y etéreo que a Michael le supo a despedida.
—Te deje el desayuno en la barra de la cocina, fruta, pan y café, procura comerte todo eso antes de servirte un tazón de cereal.
Eso fue lo último que dijo, no adiós, ni hasta luego, sólo eso.
Taichi salió del departamento con las manos temblorosas, la filmación de la película había sido terminada apenas tres días atrás, y aunque aún faltaban afinar detalles, su trabajo ya estaba siendo expuesto al público en las marquesinas de los cines y áreas de centros comerciales como propaganda antes del estreno.
Pero ahora sin mayores distracciones era tiempo de, ídem a Sora, cerrar etapas.
Con las manos metidas en los bolcillos comenzó a andar, podía tomar un taxi y llegar al lugar del encuentro en menos de quince minutos, pero prefería despejar su mente antes del inevitable encuentro. Era extraño pensar en eso, aun más cuando hace aproximadamente trece o catorce meses atrás toda su vida era un caos.
Había estado llevando su miseria de mala manera, y gran parte de eso se debía a la idea nefasta de recurrir a los antidepresivos. Para aquellos que nunca han tomado ninguno, Taichi describiría sus efectos como estar entre dormido. La vida pasa frente a ti sin emociones, no sientes la tristeza ni el dolor, pero tampoco la felicidad o hasta empatía para con tus semejantes.
Y luego... cuando una pastilla ya no es suficiente es lógico añadir dos o tres más, y la codependencia arrojan nuevos problemas como la ansiedad o la falta de sueño que te vuelven un neurótico.
No le mintió a Matt cuando le confesó la mala persona que fue, al contrario se quedo corto, porque no quiso y Matt no tenía derecho a saber que llego a golpear a Sora, que llego a gritarle a Yoshino, que prácticamente humillo a Hikari, que se peleo y dejo de ser amigo de Koushiro y que prácticamente estuvo a nada de perder su empleo.
Fue un día, todo eso paso en un solo día, el peor que haya tenido y lo recuerda como si hubiera sido una pesadilla.
Era él cuando levantó la mano y estrelló su puño contra el rostro de Sora, recuerda que por dentro lloraba sin entender porque su cabeza y cuerpo no parecían estar sintonizados. El horror en el rostro de Yoshino cuando entro y vio a su madre en el suelo, como el niño se lanzo contra él exigiendo una explicación, y lo cobarde de su actuar cuando lo empujo gritándole que solo era un niño estúpido que nada tenía que reclamarle.
Salió hecho una furia para encontrarse en el descanso a Hikari, que inquieta por el ruido salió de su departamento para averiguar que pasaba.
En cuanto la vio toda su vista se volvió roja, como un toro que picado por las banderas del torero ya no le importa a quien embista.
Así estaba él, cegado.
La tomó por los brazos para sacudirla mientras le preguntaba si estaba loca, Hikari obviamente no entendía de que hablaba y eso lo enojaba aun más. Así que fue más explícito, preguntando porque amaba a un ser tan despreciable, tan vil, un hombre degenerado que no merecía la vida. O tal vez es que ella ocultaba secretos aún más impúdicos y por eso fácilmente disculpaba sus perversiones. Tal vez era ninfómana, y sus excesos y filias pondrían en vergüenza su gusto por...
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KARMA
Fanfiction"Las decisiones tomadas, ya sean malas o buenas, te siguen para siempre y afectan a todos en su camino de una forma u otra". J. E. B. Spredemann.
