Capítulo 8 Descubriendo poderes

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Respiro hondo y suspiro varias veces para tranquilizarme, si bien me enfureció lo que dijo parece no haberse dado cuenta de lo que dijo y no parece tener una mal intención.

Se nota que si yo estuviera en peligro él me protegería sin dudarlo, así que me tranquilizo antes de hablar para hacerlo entra en razón y comprensión.

—Debes comprender, Lukan que tengo una vida echa, no digo que no te crea, pero quiero terminar mi último año y poder entrar a la universidad aquí, no pienso dejar a mi mejor amiga la que le he dicho varias cosas de las que te dije, no todo, pero ella sabe y es mi apoyo más grande y la quiero como a mi propia hermana y no la voy a dejar y desaparecer, así como así.

Él parece que también respira para calmarse y no sé qué piensa que yo haré todo sin pestañear, sin protesta alguna, que gracioso es cuando está molesto, ahí es tan lindo, pero que piensas, Maya, no confundas las cosas, no parece mostrar más interés en ti que no fuera para pelear o cuidarte porque es su responsabilidad.

Hace un ademan de pasarse la mano por el pelo muy frustrado. Me mira y vuelve a suspirar.

—Tienes razón, se oyó un poco loco, cuando lo dije en mi cabeza no sonó de ese modo, todo lo contrario, de lo que dije no estás presa ni secuestrada —hace una pausa y toma aire —. No puedo alejarte de tu familia y de lo tuyo, pero, Maya danos una oportunidad de conocernos y ayudarte a manejar tu poder —me pide ahora más tranquilo y no lo ordena como antes.

—Bien, gracias, por entenderlo y otra cosa, no se me acerquen tanto, por favor... no es de mi agrado, no es por ustedes yo simplemente no tolero que los hombres estén muy cerca de mí —le digo mientras me fuerzo a sonreír.

Si él descubriera el pequeño teatro que tengo montado en mi vida con lo del idiota estoy acabada o tal vez salvada, pero al fin, mejor no alterar los cosas.

Me estudia cuidadosamente y se me acerca, no peligrosamente, sino a una distancia normal.

—¿Y por qué tienes esa especie de alergia hacia los hombres? —me interroga Lukan.

¿Qué le digo? Me tenso y me pongo pálida. ¿Cómo le respondo yo a eso sin decir la verdad?

—Bueno... es que no me agradan y punto... —le digo y él me mira sin creerlo y yo no pensé en lo que dije, solo lo dije antes de que pudiera decir algo y me pusiera más nerviosa.

—Soy muy tímida, además sus grandes presencias me ponen de los nervios —le grito inesperadamente esperando que se lo crea, no sé qué decirle o que mentira usar, no soy buena en esto y él me pone muy nerviosa, pero al mismo tiempo se siente tan bien, tan cómoda cuando él está cerca, me siento segura.

—Jajajaja, mírate, cosita estás verde y no roja, sino más parecido al color vino o más preciso aún, a la sangre —me dice en un tono más suave que el que había estado usando anteriormente.

Qué horror, se está burlando de mí. Definitivamente quiero que el suelo se abra y me trague. Siento como mi rostro arde demostrando que él tiene razón. Rayos, ni para esto soy buena. No puedo mantener una fachada, pero, aun así, intento mantenerla en pie para enmendar la grieta que él acaba de hacer antes de que se transforme en un hueco frío, oscuro y profundo permitiendo que él pueda ver través de él, por eso me mantengo firme, seria, no dudando ni un segundo y sobretodo, le mantengo la mirada a esos ojos fríos, pero cálidos a esa imponente figura que irradia poder por donde quiera que vaya.

—Lo siento, no quise molestarte ni ofenderte —me pide disculpas en un suave murmullo, aunque parece que se controla sobre lo que piensa de mi cuento a medias, porque parte era verdad y la otra, bueno, tal vez la exageré un tantito y eso me hace sentir terrible, pues le estoy mintiendo y no sé porque me importa lo que él piensa sobre mí.

La Ultima Heredera Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora