Capítulo 4 Verdades que matan.

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Ese momento, lo tomo como una oportunidad y muerdo duro cuando siento que su lengua quiere entrar en mi boca ferozmente, avivo un grito de dolor de su parte. Más eso es muy poco, porque se recupera rápidamente y me golpea fuertemente, dándome contra la puerta de mi dormitorio, no me da tiempo de respirar él no me deja caer al suelo, luego siento sus manos aventarme bruscamente contra la cama.

Siento su pesado cuerpo caer sobre el mío y sus labios fríos vuelven a atacarme, deleitándose esta vez con mi cuello, otorgando mordidas dolorosas que provocan unas finas lágrimas que se derraman lentamente por mis mejillas adoloridas, perdiéndose por un camino de dolor en el que poco a poco voy entrando.

Es tosco y bruto en sus movimientos ásperos. Me trata como si fuera una muñeca. Mi respiración comienza a agitarse y no puedo pensar bien. Estoy temblando, pues no quiero esto. Lo golpeo con mis manos intentando alejarlo, pero nada funciona, es como si nada de lo que hago funciona con él. Sus manos suben a por mis piernas como si de fuego se tratase, quema mi piel, acariciando y apretando. Una de sus manos sigue el camino de mi cuerpo mientras la otra quita mi ropa.

Cierro mis ojos mientras mis lágrimas caen libres y frías como cuchillos, ellas se desbordan, desesperadas por ser escuchadas, y sin poder evitarlo de mis labios salen súplicas dolorosas, pero las mismas no son escuchadas por el animal que tengo encima de mí.

Su boca se encuentra en mi oído, su respiración agitada se queda allí por unos segundos hasta que susurra muy lento unas palabras sin sentimiento alguno.

—Puedes gritar todo lo que quieras, porque nadie te oirá —me informa.

Mi reacción inmediata es la de escupirle en el rostro, por lo que él me golpea, partiéndome el labio en el proceso, la sangre se derrama por mi blanca piel trazando un camino por mi pálido cuello.

—Por favor, suéltame —suplico sin ser escuchada ni una palabra.

Ahogada por mis lágrimas y mi falta de respiración hago un último intento de empujar. Muerdo su cuello intentando que me suelte y eso lo empeora más bien, pues me golpea fuertemente provocando que un grito de dolor se me salga muy fuerte y desgarrador que resuena en una habitación vacía, o eso pienso. Un movimiento en la puerta llama mi atención, hay alguien en la casa, pero ¿quién?

Con la poca energía que me queda y mi visión casi borrosa miro la puerta, esos ojos marrones claro me miran sorprendidos, tan rápido como aparecieron se desaparecen. Intento estirar la mano hacia él, pero solo no hay nada. lo he alucinado.

Suspiro muy cansada y decido no escuchar más nada, ni seguir viendo sus ojos. Otra vez me rindo, seré su muñeca, un recipiente vacío, una cobarde.

Solo siento sus manos y su boca recorriéndome.

Lo último que puedo distinguir es como se mueve encima de mí, forzándose por entrar en mí, y provocando un dolor abrasador que se extiende poco a poco a por mí cuerpo. Ya que en ese momento caigo en la nada, en la oscuridad y la soledad desagradable causante de mi estómago revuelto.

Lo último que siento es un dolor agudo recorrer mi espalda y luego tengo la sensación de flotar como la niebla.

Mex

Llego un poco antes a casa. Subo rápido las escaleras. Digo apúrame para ir con los demás a el claro, hay una fiesta que los de último año han organizado para festejar nuestra victoria invicta en el campo anoche, como todos estábamos cansados no la hicimos anoche, pero hoy sin duda nos vamos a divertir.

Un grito de dolor se escucha en el pasillo —¿qué rayos?— pensaba que no había nadie en la casa. Ha venido de la habitación de Maya, me rio pensando que esa idiota se debió a haber caído.

La Ultima Heredera Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora