Epilogo
En un oscuro cuarto lleno de armas de utilería, se encuentran una escultural rubia y un apuesto hombre musculoso, acariciándose y besándose.
El pelinegro gruñe de placer cuando ella baja la mano a su entrepierna. Rompe el beso respirando agitado. Cuando esta por volver a besarla ella lo detiene.
La rubia con agiliza y sin verse desesperada sube un poco su vestido y se quita la ropa interior, tirándola a un lado. El hombre la mira maravillado con sus ojos brillando de lujuria pura.
—eres una traviesa, mi diosa—dice ronco sobre sus labios.
—cállate, estoy caliente y te necesito dentro de mi—la rubia jadea agitada.
—como ordenes—el pelinegro no pierde el tiempo y la carga tomándola de las piernas, entra fácilmente dentro de ella por lo húmeda que estaba y sin la molesta ropa interior.
—Ares—gime de dicha la rubia.
Como la tiene alzada su rostro queda frente a los pechos de ella aun tapado por el vestido. Usando sus dientes lo tira hacia abajo dejando al descubierto sus bellos senos adornados por ese delicioso botón rosa que sobresale debido a la excitación de la diosa.
—mas Ares— y como el siempre la complace dándole siempre lo que quiere, esta vez no hace ninguna excepción y aumenta la fuerza y rapidez de sus embestidas. Afrodita gime fuerte ante cada empujón.
Gruñe y muerde ligeramente el pezón de Afrodita cuando se corre dentro de ella y la diosa grita su nombre extasiada.
Ambos respiran agitados por el esfuerzo y poco a poco arreglan su ropa.
—debemos volver, Hefesto podrían notar la ausencia.
Ares bufa, odia el hecho de que la mujer que ama no sea suya sino de otro hombre. Enojado acomoda su pantalón y sale brusco de allí dejando a una Afrodita que mira triste por donde se fue el pelinegro. A ella también le molesta no poder estar con el como quisiera, pero no puede hacer nada. No mientras Hefesto la siga queriendo a ella de esposa y Afrodita esta segura de que ha hecho de todo por que este la odie, mas este no cede.
Terminado de acomodarse el cabello que había quedado hecho todo un desastre por la acción de hace un momento, salió con su usual paso elegante y sensual, ante todo ella sigue siendo la diosa de la sexualidad y le hace honor a su título.
Llega hasta la mesa que comparte con su esposo; Hefesto y le da una sonrisa falsa. Si su marido fuese un dios como todos y no hubiera perdido el sentido del olfato cuando Hera lo lanzo del olimpo de seguro que habría notado el olor a sexo que ella desprendía por todo su cuerpo, por desgracia, no era así.
Hefesto los había descubierto una vez desnudos en su cama y los había pegado a ella con un hilo de oro casi invisible. Llamo a todos los dioses para que se burlaran de ellos y dijo ante todos que su matrimonio había acabado. Ella y Ares estaban felices a pesar de la vergüenza que habían pasado, pero Hera intervino y modifico la mente de Hefesto para que olvidara ese hecho, obligo a los demás dioses a mantener el secreto y le prohibió a su hijo seguir viéndose a con Afrodita.
Todos en el panteón estaban conscientes de sus amoríos con el dios de la guerra y ella no entendía como es que el no se daba cuenta si no eran tan disimulados. Su esposo era tan idiota que creía que Eros era hijo de el ¡válgame! Si hasta su precioso hijo sabia que su padre era Ares. Todos lo sabían, no hay duda de que el dios del fuego le hace honor a la frase "no hay peor ciego que el que no quiere ver"
Ella no podía confesarle la verdad a su esposo por mucho que quisiera hacerlo y tampoco podía hacer algo como acostarse de nuevo en la cama de ellos con Ares para que lo notara debido a que Hera lo sabría y la asesinaría. La única forma de que su matrimonio terminara era que el dios del fuego se diera cuenta de la infidelidad por el mismo y sin interferencia de algún dios o Hera iría por la cabeza de Afrodita pues Hefesto volvería a pegarlo a la silla para siempre. De eso se trataba su matrimonio, de salvarle el culo a Hera. Por eso, el debía enterarse por sí mismo, así, como el tratado lo dice, no podría hacerle nada a Hera y ella podía ser feliz con su Ares.
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KORE
Romancela dulce, joven e inocente diosa de la primavera ha sido raptada por el peor ser de todo el universo, el usurpador, un ladrón despiadado; el mismísimo Hades, rey del inframundo. el ha ido en la noche y usando trucos sucios y ruines se ha llevado a...