Cap.39

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A través de sus parpados podía sentir como la mañana era más blanca de lo normal. Poco a poco fue abriendo sus ojos para averiguar a que se debía tanta claridad, su vista inmediatamente se topo con la ventana siendo cubierta por una tela blanca, pero aun así sabia que la extrema claridad no era solo por eso. Respiro profundo y tomo el valor para descobijarse y poner fin al misterio, sus pies cubiertos por calcetines sintieron la calidad de piso de madera, le sorprendía lo cálido que era el sitio aun estando en un lugar en donde la temperatura estaba bajo cero, mientras daba pasos a la ventana que estaba a un costado de la cama en la que estaba durmiendo, miro a su alrededor, todo tan hogareño, colores cálidos y narangos, aunque era común ver esos tipos de estilos en las típicas cabañas en medio del bosque, le seguía pareciendo impresionante. Al llegar a la ventana, abrió las cortinas de par en par y sus ojos se irritaron por el color blanco que cubría todo, prácticamente todo. 

- ¡WEY!.- se asombro al ver la inmensa cantidad de nieve rodeando la cabaña. No era la primera vez que veía nieve, estaba claro, pero la multitud que había en esos momentos le fascino, los arboles muy apenas se distinguían, el auto que los transportaba estaba casi cubierto en su totalidad que sabia de antemano no podría avanzar ni un poco, los neumáticos estaban enterrados en la nieve. No espero más y corrió fuera de la habitación, importándole poco que apenas se acababa de levantar. Bajo las escaleras y cruzo la cocina.

Rusia, que tenia un rato ahí, lo vio e intento llamarle.

- Buenos Días México, No creo que sea bueno salir el día de hoy esta...- ya no siguió hablando pues el mexicano no pareció querer escucharlo, solo lo vio correr a la puerta de salida.

Como si fuera luchador de la tercera cuerda, México salto a la nieve, sentía el frio en su piel, el dulce olor fresco y la suavidad, nunca había visto tanta nieve en su vida, así que no iba a desperdiciar esa oportunidad.

- ¿Te la estas pasando bien?.- se escucho la voz del ruso desde la entrada de la casa, con una taza de café entre sus manos, viendo como su invitado no parecía querer moverse de su posición. El ruso comenzó a forma una sonrisa en su rostro al ver como a su enamorado le encantaba algo que a él le comenzaba a parecer molesto.

- Como no tienes idea...- dijo aun con la cabeza enterrada en la nieve.

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- Cuando cae nieve en mi territorio no suele ser mucha, solo pintan un poco las calles...Siempre tuve la ilusión ver montañas de nieve que me cubran hasta las piernas...- relataba de forma animada mientras comía de los panques que anteriormente había preparado el ruso, este le miraba atento desde el otro lado de la barra.- ¿podemos salir a caminar un rato?...

- ¡claro! cuando termines tu desayuno...

- Delicioso por cierto.- le siguió hablando degustando de su platillo.- se te da bien esto...

- Gracias.- le sonrió con dulzura. Tener otro punto de vista de su forma de cocinar siempre le vendría bien, no era por presumir pero él era un experto en la repostería, le encantaba hacer todo tipo de tortas y panes, y ahora que tenia a alguien a quien deleitar con su repostería, dejaría que sus habilidades resplandecieran sin miedo.

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- ¿Estas bien?.- cuestiono dándole una ultima revisión a las prendas con las que cubrió a su invitado, México solo asintió emociono esperando luz verde para salir a ver el paisaje nevado.- Vamos entonces...- le dijo con una sonrisa y abrió la puerta para poder ir a ver la gran nevada.

A pesar de que no deseaba para nada que nevara esa noche, a Rusia le encanto que México no le molestara, es decir, si deseaba a México en su vida, el latino tendrá que acostumbrarse a sus climas fríos, y él tendrá que resistir el calor extremo del territorio hispano. Prácticamente son polos opuestos.

¡Cambio De Planes!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora