"It's a habit worth forming if the means justify the ends. I'm dancing in the moonlight"
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Agosto del 2017
Tamborilee mis dedos sobre el volante, con la mirada fija en la calle y a la espera de que lo que estaba buscando apareciera.
Mire la hora en el reloj, casi las dos de la tarde y la idea de llamar comenzó a tomar más fuerza en mi cabeza debido a la poca paciencia que poseo.
Las personas entraban y salían con constancia mientras que otras pasaban por la acera disfrutando del clima de un buen día de agosto. Me reprendí mentalmente ante lo que iba a hacer y la estúpida idea que me trajo aquí.
Me tense al verla salir y estaba a punto de emprender mi huida si no fuera porque sus ojos cayeron sobre mí, una de sus comisuras se levantó y le dijo un par de cosas a las chicas con las que venía para después caminar en dirección a donde yo estaba, decidida y tranquila.
Quite el seguro cuando estuvo cerca, no dudo en subir y cerro mientras dejaba su bolso en sus piernas.
—Horan —saludo e hizo un ligero asentimiento con su cabeza mientras me sonreía.
—Toscano —dije de la misma manera, reparando en cómo se veía.
—¿Estas acosándome? —levantó una ceja, deshizo la coleta que traía y volvió a recoger las hebras que se habían escapado y caían a los costados de su rostro.
—Solo pasaba por aquí y pensé que tal vez tendrías hambre —dije en un tono que hizo que el brillo de sus ojos desapareciera en un segundo.
—No es necesario, seguro tienes cosas que hacer —se dispuso a bajar del auto y no dude en poner el seguro antes de que lo intentará, soltó un suspiro y volvió su mirada a mí.
—Te he esperado por veinte minutos, iremos a almorzar —hubo una batalla de miradas por un minuto en donde parecía que ninguno iba a ceder.
Podía ver la confusión, el enojo y la decepción en sus ojos, pero también veía el dejé de emoción que se fundía entre las emociones.
—Esas no son formas de invitar a alguien a almorzar —dijo, despegando su mirada de la mía y recargando su espalda en el asiento del auto—. Hay un restaurante a dos cuadras, podemos ir ahí.
—Solo te estoy llevando, no es para tanto, soy amable —levanté la ceja ante la risa que soltó y repetí en mi cabeza las palabras que dije buscando el chiste.
—Si eso es amabilidad... —negó, dejando la frase en el aire mientras se acercaba a cambiar la canción que sonaba por lo bajo.
En una semana la he visto tres veces y apenas es viernes, demasiado para mí y teniendo en cuenta que lo único que hacemos es platicar.
Aquí estaba, frente a mí, contándome las cosas que había hecho hoy mientras picaba su comida y llevaba algunos trozos a su boca después de hacerme alguna pregunta y poniéndome atención, haciéndome sentir escuchado.