I can be your lover or your shoulder to cry on. You can be whoever you like.
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Octubre del 2017
Pagaría lo que fuera por haber podido grabar la cara de sorpresa que puso ante mi propuesta, la manera en que frunció el ceño y después me dio una sonrisa.
—Una cita —repitió como si me hubiera vuelto loco.
—Ya sabes, cuando dos personas salen y hacen alguna actividad acordada mutuamente —me miro mal y solté una risa.
—Entonces nuestra primera cita fue aquella noche que acepté hablar conmigo y vine a cenar pizza —comentó—. Hay muchas cosas que hemos hecho y podrían ser catalogadas como una cita.
—Buen punto —estaba divagando y era realmente lindo.
—¿Entonces?
—¿Entonces? ¿sí o no? —mordió su labio inferior queriendo reprimir la sonrisa.
—Bien, tendremos una cita.
—La primera a conciencia —recalque—. Paso por ti a las ocho.
—¿Hoy? —fuera de lo que sentía esto me estaba causando gracia, la manera en que sorprendía más de lo que ya estaba.
—¿Tienes algo más que hacer? si tardas más empezaré a olvidar lo que me dijiste —bromee.
—Bien, entonces me iré.
[...]
La sensación de actuar como un adolescente golpeaba en mi ego de una manera agradable. Había dado vueltas ideando lo que sea que podíamos hacer y cuando me decidí por algo tuve que hacer las llamadas correspondientes a las personas correctas.
Tres horas antes le escribí un rápido mensaje, sin detalles y tuve que ignorar sus preguntas al respecto.
"Ponte un bonito vestido."
Tardé más de lo habitual buscando lo que me pondría, incluso me sentí como un tonto descartando opciones e intentando adivinar lo que ella se pondría para no desentonar.
Hice todo el proceso habitual pero esta vez tomé un poco más de tiempo, cuidando cada maldito detalle y solo esperaba no quedar como un idiota.
Salí del departamento con el tiempo calculado, seguro de llegar sin retraso e incluso cinco minutos antes.
Nunca había sentido el camino tan eterno, el reloj corría más lento de lo normal y podía sentirme nervioso por la manera en que jugueteaba con mi labio inferior.
Cuando por fin llegué tome el celular y la llame, avisando que estaba fuera y que la esperaba. Bajé, recargué mi cuerpo en la puerta del copiloto mientras buscaba las razones para sentirme tan ansioso, incluso me cuestionaba que era lo que pasaría, mis palabras y las acciones que iba a permitirme esta noche.