Capítulo II - ¿Karma?

151 12 0
                                        


Y como dicen por ahí:

El karma es una perra maldita.

Quedé impactada con lo que mis ojos observaron.

Trágame tierra...

Bien echo Sofía. ¡La cagaste!

Estaba helada sin saber que decir mirándolo a los ojos y él me sonrió ladeando su cabeza.

-"Es un placer señorita Hernández. Héctor Black".

Me dijo mientras caminaba hacia mí, sentía que dejaba de respirar cada vez que se acercaba, extendió su mano hacia mí y sonrió cordialmente revelando una dentadura perfecta. El aire acondicionado estaba aún más frio aquí pero mis nervios me hacían sudar. Estreché su mano devolviéndole una sonrisa de boca cerrada. Mis temblorosas manos me ayudaron a darle un incómodo estrechón a la suya.

-"Tome asiento.

Me indicó señalándome el sofá con su mano izquierda para cederme el paso. Caminé hacia ellos sintiendo débil las rodillas y me senté en el sofá juntando mis piernas con fuerzas. Mis manos temblaban aún más pero las apretaba un poco entre sí para disimular.

Esto no me puede estar pasando.

Él se sentó en la esquina del mismo sofá desabotonando su chaqueta, cruzando sus piernas y estirando sus brazos, dejando una distancia entre nosotros.

Me volvió a sonreír.

-"Bien señorita Sofía Lupita Hernández Contreras..."

Arrugué mis cejas al escuchar mi segundo nombre. Estaba confundida. No creí haberlo puesto en mi currículo.

Odiaba ese nombre. Siempre se burlaban de mí en el colegio cantando:

¿Qué le pasa a lupita? no se...

Comenzó ese merengue dominicano a sonar en mi mente.

-"¿Señorita Hernández?

Una voz gruesa me saco de mis pensamientos

-"¿Siente bien?

Tragué grueso, mis nervios no cesaban.

No, no me siento bien. ¡Le arrojé una bebida alcohólica al hombre que me está entrevistando ahora!

¡Mierda! ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí?

-"Debo irme".

Me levanté lo más rápido que pude pero él me sostuvo del brazo al pasarle por el frente. Sus manos eran muy grandes y fuertes pero se sentían un poco frías. Me congelé al sentir su piel. Voltee a verlo encontrando finalmente el valor de mirarlo a los ojos.

-"Me disculpo por lo que pasó anoche. No sabía que usted era mi entrevistador y mucho menos el dueño del Imperio Black".

Le dije, sentía que no aguantaba mis piernas. Él me sonrió.

-"Toma asiento".

Me indicó con su voz gruesa. Esto me tomó por sorpresa. Se puso de pie para guiarme hasta el asiento otra vez, pero esta vez se sentó en la mesa de centro junto a mí.

-"¿No está molesto?"

Le pregunté mientras mi voz salió ronca por el tiempo que tenía sin hablar. Limpie mi garganta.

-"¿No está molesto?"

-"Al parecer fue un mal entendido, ¿no lo cree así?"

-"Sí..."

Entre ColmillosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora