Hilos.

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La situación era un poco incómoda, el Luky Cat Caffe apenas tenía clientes, especialmente por la hora. Hiro estaba sentado en una mesa al centro del local en compañía de Sawako, sentados frente a frente mientras un poco de música erbi and bi sonaba al fondo, la mujer de piel morena tomaba una taza de café americano mientras el Hamada la observaba, él jamás imaginó estar así con ella, pero siendo sinceros jamás pensó que le ocurría nada de lo que ha vivido nunca, especialmente desde los 14 años y más aún tomando en cuenta lo que le pasó hace un mes ya.

Ella tomó un sorbo de su taza de café y la bajó lentamente de vuelta a la mesa.

–¿Y bien?– cuestionó a la espera de la respuesta de Hamada luego de contarle toda la travesía del Rivera, cada hecho en su conocimiento pero no de la prensa.

A Hiro le costaba entender todo, no por perderse de algún dato sino porque los sentimientos le invadían  nublando su  juicio.

–Lo lamento, mucho.– dijo débilmente.

–Lo imagino, pero creo que hay una forma de remediarlo, si estás dispuesto a hablar con él– ofreció.

–No creo que él quiera hablar conmigo, aún así no voy a convencerlo de volver al espectáculo– dijo.

–Mi intención no es esa, solo quiero que él se recupere, lo que haga después ya será su decisión. Lo prometo– aclaró la mujer –¿De acuerdo?

El genio estaba dudoso, realmente quería ayudar, arreglar el desastre que armó o por lo menos disculparse y recibir todo el repudio de Miguel si este así lo decidía, pero aún tenía miedo e incertidumbre, ¿Realmente merecía la oportunidad?

💻🖥️💻

En la ciudad de México las cosas se habían calmado, tanto con la prensa como para la disquera luego de todo el revuelo que generó el precario estado de Miguel. El verano se iba al igual que el asunto de los titulares pero aún había una persona en ciudad que no podía dejar de preocuparse por la salud de cantante (bueno, una persona cercana porque las fans de Rivera se desvivían de la angustia).

Eso nos lleva a Marco De la Cruz, quien aparte de estar metido en sus propios problemas aún quería estar al pendiente de su amigo, Kyle intentó por todos los medios posibles tratar de calmar a su amado novio y hacerle enfocarse en una cosa a la vez, después de todo Miguel ahora estaba a salvo en su casa con su familia, pero como el compositor es un necio de lo peor el se daba el lujo de angustiarse por todo al mismo tiempo y dejar que su ciclotimia lo consumiera.

Y es que se sentía culpable por no haber cuidado más al Rivera, pero tal vez era hora de preocuparse por si mismo ya que (bajo su punto de vista) no tenía trabajo, menos un título universitario (aunque si certificados) pero seguramente su padre hizo uso de sus influencias y le cerró las puertas en el mundo del espectáculo, el dinero que ahorró pronto se acabaría y definitivamente no quería ser una carga para su novio. Sí, él sentía como el mundo se le venía en sima.

Un día de tantos se encontraba hundido en sus pensamientos mientras desayunaba la rica comida que Kyle le había preparado, sostenía el tenedor con una mano y el teléfono con la otra.

–¿Crees qué me alcance para vivir vendiendo tareas a los de secundaria y prepa?– cuestionó, más al aire que a su novio.

–Es probable pero tendrás que trabajar más de lo que hacías cuando estabas en escuela para ello.– respondió el motociclista sentado frente a él, Marco miró al azabache con desilusión, hubiera preferido un "Sí" o algo parecido. –¿Y si mejor  aceptas mi propia?– insinuó.

Marco retiró su triste expresión por una de molestia.

–No.– respondió sin titubear.

–Auch– respondió el mayor con una exagerada actuación de corazón roto.

Entre Sueños E HilosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora