Tratamiento.

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Miguel pasó dos días inconsciente en el hospital, los medios buscaban la información de todo lo ocurrido como locos, tuvieron que aumentar la seguridad del hospital y se comenzó a manejar el traslado de Miguel a México pues, a pesar de que su seguro cubría la hospitalización en el extranjero era bastante caro dejarlo estar en aquel país.

Los Rivera habían sido informados de lo sucedido a la brevedad pero por el momento no podían hacer nada más que esperar a que Miguel llegara a México y rezar por él.

Miguel despertó aún estando bastante delicado y confundido, solo recordaba estar en medio de un concierto y después no había nada, jamás había despertado en un hospital, era un experiencia bastante surrealista, tenía tubos de plástico conectados a distintas partes del cuerpo. Su primera reacción fue gritar y salir de ahí pero era incapaz de hacerlo.

Sawako estaba ahí, pues es su tutora legal en esta situación. Ella le explicó lo que había ocurrido en esas dos semanas y que pronto podría volver a México y cuando fuera dado de alta podría ir a Santa Cecilia para pasar el resto de su recuperación.

–¿Que pasa con la gira?, ¿No tengo que dar entrevistas?, ¡¿Y mi celular?!– Cuestionó el combaleciente cantante.

Sawako le acarició la cabeza.

–No tienes que preocuparte por eso ahora, debes descansar.– respondió con un tono calmado.

–¿Puedo ver tele al menos?

–Esta bien, pero no las noticias o los programas de chismes.

Los pocos días que estuvo internado en aquel recinto fueron tan aburridos que parecía que el tiempo se había detenido, lo más interesante eran las visitas programadas del doctor y las enfermeras, por cierto la comida del hospital era la más horrible del universo después del sandwich que pidió aquella ves que salió a comer con Marco, pero está vez no había ninguna escapatoria ya que se había determinado que su desmayo fue producido por un trastorno alimenticio y nutrimental, así que su dieta no era negociable. Lo odiaba.

Finalmente se logró hacer el traslado a México, 27 horas (sin contar las paradas intermedias) y todo para ser ingresado a otro hospital, le hicieron un nuevo diagnóstico y lo dejaron en observación un par de días más.

Si le hubieran dicho que estar hospitalizado era así de horrible probablemente se hubiera cuidado más o algo para evitar el engorríoso encierro, lo peor que sentía que no sabía nada de lo que ocurría tras las paredes del centro médico. Era evidente para el que lo estaban protegiendo pero no tenía ni la más mínima idea lo que se decía sobre su situación y eso lo frustraba demasiado, ¿No creen que ya es suficiente con todo lo que le pasa por la mente como para enfrentarse al escrutinio público?

...

Finalmente le informaron que sería dado de alta y que volvería a casa, bueno, por el momento a su departamento, pero ya no tendría que estar internado y eso era suficientemente bueno para él. Salió del edificio con una sudadera que lo cubría en gran medida y unas gafas de sol, la Ciudad de México lo recibió con flashes y ruidos ensordecedores, como si no acabara de abandonar un hospital.

El departamento estaba limpio y las cosas que llevó y compró durante su gira lo esperaban al igual que algunos ramos de flores y cestas de frutas con unas lindas notas de "recupérate", sinceramente poco o nada le importaba en ese momento hasta que divisó una pequeña caja forrada con terciopelo azul rey, era más que obvio quien se la había enviado. Miguel se acercó a ella y la tomó en sus manos, por fuera no decía nada pero al interior había una notita:

—Acabas de pasar tu primera hospitalización, ¡Felicidades!, Ojalá no estés tan bruto como un servidor y no tengas que pasar por eso otra vez, y si sí me aseguraré de estar ahí para darte un sape por menso. Y si quieres hablar conmigo enviame un mensaje.
ATT: Marco (lastimosamente) De la Cruz.—

Entre Sueños E HilosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora