Hoy presentamos;
Separación
———Tiempo después———
El garaje de la residencia, acondicionado ahora como una suerte de nido compartido, era el escenario de una disputa que rozaba lo absurdo bajo la luz del mediodía. Izuku se encontraba sentado sobre una pila de mantas reforzadas, con el ceño fruncido y los brazos cruzados con tal rigidez que sus bíceps parecían piedras. A su alrededor, las cuatro integrantes de la Raptor Squad intentaban desesperadamente recuperar el favor del peliverde, moviéndose con esa agilidad inquieta que las caracterizaba incluso en su forma humana.
Echo: ¡Vamos, Izuku, por favor, perdónanos de una vez! —suplicó la pelirroja, juntando las manos mientras daba saltitos de nerviosismo a su alrededor—.
Izuku: No, ser culpa de ustedes que yo estar castigado ahora —respondió él con voz monocorde, desviando la mirada hacia una de las esquinas del techo para ignorarlas por completo—.
Delta: Pero si solo te dijeron que no te iban a dar ese pescado de peluche tuyo por unos días, no es para tanto —intervino Delta con un bufido, aunque su postura denotaba que también se sentía un poco culpable—.
Izuku: Pero ese ser mi pescado favorito, ser suave y ser mío —sentenció el peliverde con un tono de indignación profunda, recordando el juguete que Shino le había confiscado tras el último desastre—.
Charlie: ¡Por favooooor! ¡Sentimos de verdad haberte incluido en la broma sin avisarte! —exclamó Charlie con los ojos empañados, tratando de agarrar el brazo de Izuku para ablandar su corazón—.
Eri: Es cierto, pero ¿cómo íbamos a saber que Mandalay se iba a quedar pegada a la pared por ocho horas seguidas? No calculamos bien la potencia del pegamento —añadió Eri, rascándose la mejilla con un gesto de inocencia fingida que no engañaba a nadie—.
Kota: (¿Cómo era nuestra vida antes de que ellas llegaran? A veces me cuesta recordarlo, pero a pesar de este caos diario... estoy feliz con esto) —pensó el niño pelinegro, observando la escena desde una caja de madera con una sonrisa nostálgica que iluminaba su rostro—.
Eri: ¡Kotaaaaaa! ¡Ayúdanos y dile a Izuku que nos perdone de una vez! —gritó Eri, abalanzándose sobre el niño y empezando a sacudirlo de un lado a otro con una rapidez y una fuerza sobrehumana propias de su ADN de rapaz—.
Kota: ¡AAAaaaaaaahhhhhhhhhhh! ¡Retiro lo dichooooooo! ¡Suéltame que voy a vomitaaaaaaar! —gritó el pequeño mientras su cabeza daba vueltas y su gorra roja salía volando por el movimiento frenético—.
Había transcurrido un año completo desde que la familia se expandió de forma tan peculiar. En ese tiempo, los Water Hose, las Pussycats, Kota, Izuku y la autodenominada Raptor Squad habían aprendido a coexistir en una armonía bizarra pero funcional. La integración de las cuatro hermanas se logró bajo condiciones estrictas: dormían junto a Izuku en el garaje y ayudaban a controlar la "pequeña" sobrepoblación de ciervos en las zonas altas de la montaña, ejerciendo como los depredadores alfa que el ecosistema necesitaba.
Para costear sus gastos y su ropa, Izuku y las chicas habían comenzado a realizar pequeños actos callejeros cerca de las zonas turísticas; la apariencia híbrida del peliverde resultaba tan curiosa y adorable para las transeúntes que sus trucos y juegos se popularizaron rápidamente, generando los ingresos necesarios para mantener a la manada.
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Izuku Jurassico
Фанфикшн:v Ninguna de las imágenes ocupadas en esta historia son mías, créditos a sus respectivos Creadores/Creadoras
