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Hoy presentamos;

"Isla Nublar"

En este momento nos encontramos en una extensión de prado vibrante y húmedo, un ecosistema particular que presumía de varios ríos interconectados con lagunas cristalinas repletas de una biodiversidad acuática envidiable. Aunque la vegetación arbórea no era tan densa en esta zona, el terreno compensaba esa falta de cobertura con aguas lo suficientemente profundas como para ocultar con facilidad los cuerpos masivos de grandes dinosaurios anfibios. Sin embargo, la familia Spinosaurus no era la única presencia en el lugar; sobre ellos, una bandada de Pteranodones surcaba los cielos despejados, planeando con una tranquilidad inusual y disfrutando de las corrientes de aire cálido sin mostrar signos de agresividad.


En las aguas, Izuku y Aiko supervisaban a sus crías, pero la estampa familiar había cambiado drásticamente en las últimas semanas. Hanako, Kasumi, Tadashi e Ichiro habían experimentado un crecimiento acelerado y ahora lucían un porte mucho más imponente; con un 1.5 metros de largo y unos 95 cm de altura, los pequeños ya poseían el tamaño mínimo necesario para empezar a valerse por sí mismos y defenderse de amenazas menores. Tras haber pasado dos semanas huyendo y moviéndose desde que abandonaron su cueva original, finalmente habían logrado perder el rastro de sus perseguidores, permitiéndose un momento de relajación.


Mientras los padres descansaban recostados en las aguas someras, disfrutando del frescor en sus vientres, las hembras Hanako y Kasumi practicaban sus habilidades de nado en las zonas más profundas, mientras que los machos Tadashi e Ichiro preferían patrullar caminando por los bancos de arena y las aguas menos profundas.

Poco después, la familia completa se sumergió en una sesión de pesca colectiva. Los jóvenes Spinosaurus nadaban con agilidad persiguiendo bancos de peces pequeños, poniendo en práctica cada lección recibida, mientras sus padres se enfocaban en presas más grandes que nadaban cerca de la superficie. Izuku y Aiko observaron con un orgullo desbordante cómo, uno a uno, sus hijos emergían del agua con peces plateados retorciéndose entre sus mandíbulas, demostrando que el instinto de cazador ya estaba plenamente despierto en ellos. Tras varias horas de actividad constante, la familia decidió retirarse a la orilla del río, donde el agua apenas lamía sus extremidades, encontrando en ese punto el equilibrio perfecto para descansar tras un día de éxito rotundo.


Izuku: No tienen idea de lo profundamente orgulloso que me siento de todos ustedes al ver cómo han progresado —les dijo a sus crías con una voz grave pero cargada de ternura mientras se acomodaba en la arena—.

Aiko: Yo también lo estoy; mis pequeños están creciendo muy rápido y verlos pescar de esa manera me llena de alegría el corazón —añadió la madre, acariciando con su hocico el lomo de Kasumi—.

Hanako: ¡Muchas gracias, mamá y papá! Todo fue gracias a lo que ustedes nos enseñaron estas semanas —exclamó la pequeña con entusiasmo, todavía saboreando el éxito de su captura—.

Kasumi: Al fin sentimos que podemos pescar casi tan bien como ustedes, aunque todavía nos falta mucho —comentó con modestia, recostándose cerca de su madre—.

Tadashi: A mí me encantaron los peces de esta zona, son muy rápidos pero saben delicioso —dijo el pequeño macho con satisfacción, lamiéndose los belfos—.

Izuku JurassicoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora