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Hoy Presentamos;


"Un Radiofaro De Esperanza, El Arte De La Relajación Y El Abrevadero"



Un nuevo día despuntaba sobre la Isla Nublar, tiñendo de un dorado pálido las copas de los árboles que ahora servían de refugio para los antiguos habitantes del parque. Ya habían transcurrido tres días completos desde la desastrosa apertura de Mundo Jurásico, un evento que marcó el fin de una era tras el escape de la Indominus Rex, la estela de muertes que dejó a su paso y su derrota final ante las mandíbulas y garras de Rexy, Izuku, Eri y la Mosasaurus. La calma parecía haber reclamado el territorio; una Ankylosaurus adulta caminaba por los espesos bosques con una tranquilidad envidiable, soltando un sonoro bostezo antes de detenerse a rascarse el lomo contra la carrocería de un auto volcado. 

Por otro lado, un grupo de cinco Compsognathus jugaba alegremente sobre una Giroesfera abandonada, saltando sobre el cristal roto como si fuera un nuevo elemento de su hábitat natural.


En otra parte de la isla, una Brachiosaurus de cuello infinito miraba con una curiosidad casi infantil los restos de un ferrocarril estrellado contra la vegetación, pero su exploración fue interrumpida por dos Pteranodones que descendieron velozmente para reclamar el lugar como su nido; aunque no hablaban el mismo lenguaje, el intercambio de gruñidos y chillidos dejaba claro que se estaban insultando mutuamente por el territorio. 

Mientras tanto, en las sombras de los túneles subterráneos de mantenimiento, Eri paseaba con sigilo, disfrutando de la frescura y la oscuridad que le permitían moverse sin ser detectada fácilmente. 


Gracias a unas rejas de seguridad partidas por el caos anterior, una manada de Sinoceratops convivía pacíficamente junto a otra Ankylosaurus en una pradera abierta, mientras un par de Estegosaurios caminaban pesadamente por los escombros de lo que alguna vez fue el gran campamento jurásico. Todo parecía indicar que la isla se había convertido en un santuario de dinosaurios totalmente pacífico.


Darius: ¡¡Corran!! ¡¡Corran!! ¡¡CORRAN!! —gritó Darius con los pulmones ardiendo mientras se abría paso entre la vegetación densa junto a sus agotados amigos—.


O al menos, eso es lo que parecía desde la distancia, pues la realidad para los humanos que aún quedaban allí era muy distinta.


Sammy: ¡¡Rápido, no miren atrás!! —exclamó Sammy con voz entrecortada mientras ella y Brooklynn sostenían con fuerza a Yasmina para ayudarla a correr a pesar de su herida—.

Brooklynn: ¿¡El Parasaurolophus todavía sigue ahí detrás!? —preguntó Brooklynn con desesperación, dirigiendo la mirada hacia Kenji, quien venía cerrando el grupo—.


Kenji giró la cabeza con el corazón martilleando en su pecho, viendo a un Parasaurolophus que corría aterrorizado justo detrás de él, el cual también lo miró con ojos desorbitados por el miedo. De repente, la imponente Rexy entró en escena de forma brutal, surgiendo de entre los árboles para intentar atrapar al herbívoro; el Parasaurolophus, por puro instinto de supervivencia, esquivó por centímetros las mandíbulas de la Tyrannosaurus Rex y cambió bruscamente de dirección, dejando a los chicos en la línea de fuego.

Izuku JurassicoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora