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Hoy presentamos;

Vista Desde Las Alturas Y Un Puerto Seguro




Nos encontramos justo una semana después de las brutales muertes de Mitch y Tiffany, y para este momento no quedaba rastro alguno de lo que fueron los cuerpos de ambos cazadores. El ciclo natural de la isla, acelerado por la voracidad de sus depredadores, se había encargado de borrar la evidencia; los hijos e hijas de Izuku devoraron cada gramo de carne disponible, mientras que el propio Izuku se ocupaba de triturar los huesos. 

Poseía una particularidad biológica asombrosa: sus mandíbulas, aunque poderosas en combate, adquirían una fuerza de compresión sobrehumana únicamente al momento de alimentarse, permitiéndole pulverizar el calcio con facilidad para que su estómago, altamente especializado, pudiera digerirlo sin problemas. Fuera del acto de comer, su fuerza se mantenía en niveles letales para la lucha, pero solo bajo esa necesidad nutricional alcanzaba su máximo potencial mecánico.


Ya centrándonos en los eventos de hoy, en un tiempo donde Izuku todavía conservaba ambos ojos funcionales y ninguno se había tornado blanco, se encontraba a las orillas del mar junto a Bumpy. Izuku, en su imponente forma de Megaraptor, estaba sentado sobre una roca volcánica mientras observaba con una mezcla de duda y respeto cómo el grupo de campistas se alejaba lentamente sobre las aguas en una balsa improvisada, entre gritos de júbilo y risas cargadas de esperanza.


Izuku: ¿Tú qué crees, pequeña? ¿De verdad piensas que lograrán cruzar el océano solo con esa estructura de madera? —preguntó Izuku, sin apartar la vista de la balsa que subía y bajaba con el oleaje—.

Bumpy: La verdad, no lo creo —respondió Bumpy con un gruñido bajo, moviendo su pesada cola con inquietud—.

Izuku: Sí... estamos de acuerdo; esa cosa no estaba muy bien construida que digamos, el diseño era bastante precario para mar abierto —comentó Izuku con un tono pensativo—.

Bumpy: Pero si milagrosamente lo logran, voy a extrañar mucho a Ben... él se volvió parte de mi manada —confesó la Ankylosaurus con un tono de tristeza—.

Izuku: Te entiendo. La verdad es que, contra todo pronóstico, me gustó convivir con humanos buenos en esta isla; son una especie curiosa cuando no intentan matarte —admitió el Megaraptor antes de soltar un suspiro—.


Mientras tanto, en la balsa, los campistas se acomodaban entre los troncos amarrados, viendo con nostalgia cómo la silueta de la Isla Nublar se hacía cada vez más pequeña. Llevaban consigo una caja de suministros que representaba su única garantía de supervivencia en el trayecto.


Darius: Adiós, Jurassic World... gracias por todo, supongo —dijo Darius con una sonrisa melancólica, despidiéndose del lugar que cambió su vida para siempre—.

Ben: Adiós, Bumpy... cuídate mucho —murmuró Ben con una evidente tristeza, sintiendo de inmediato cómo Darius ponía una mano reconfortante sobre su hombro—.

Kenji: ¡Wujuuuuu! ¡Hasta nunca, maldita isla de dinosaurios! ¡No te extrañaré ni un poco! —gritó Kenji con euforia, poniéndose de pie para hacer unas poses ridículas hacia la costa—. ¿Creíste que ibas a devorarnos? ¡Olvídalo! ¿Creíste que ibas a pisotearnos? ¡Piénsalo dos veces, porque aquí vamos!

Izuku JurassicoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora