La Indominus Rex sometió con una fuerza devastadora a Izuku contra el suelo, utilizando el peso masivo de sus patas para inmovilizarlo por completo. Kyomi, actuando con una determinación salvaje, cerró sus mandíbulas en torno al cuello del Indoraptor y, con un tirón violento, le arrancó la cabeza de cuajo, lanzándola a varios metros de distancia como si fuera un simple despojo. Sin embargo, la Indominus no tuvo tiempo de reaccionar cuando, de forma antinatural, el resto del cuerpo decapitado de Izuku se tensó y la golpeó con una fuerza de impacto brutal, alejándola unos metros mientras ella quedaba momentáneamente aturdida. Cuando Kyomi recuperó la vista y observó lo que debería haber sido el cadáver inerte de Izuku, presenció un horror biológico: la cabeza se regeneró de forma grotesca y acelerada, reconstruyendo tejidos y huesos en tan solo tres segundos.
Kyomi: ¿Qué... qué clase de monstruosidad es esta? —preguntó ella con un tono de voz que denotaba una mezcla de miedo y desconcierto—.
Izuku le respondió con un rugido ensordecedor que pareció desgarrar el aire. En ese instante, la Indominus Rex escuchó un crujido estruendoso detrás de ella, por lo que se giró rápidamente solo para ver cómo un enorme esqueleto oscuro se materializaba y se transformaba en un dinosaurio de pesadilla.
Se trataba de un terópodo masivo, de color verde oscuro con rayas negras, que destacaba por sus crestas óseas sobre los ojos y una prominente joroba de espinas que recorría su espalda desde el cuello hasta la cola. Poseía una cabeza ancha cargada de dientes serrados y unos brazos con garras mucho más grandes que las de cualquier Giganotosaurus común. El nuevo depredador le gruñó de forma amenazante, marcando su territorio con una agresividad primitiva.
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Kyomi: Demonios... esto no puede estar pasando —murmuró ella, retrocediendo un paso ante la nueva amenaza—.
El Giganotosaurus se abalanzó inmediatamente hacia Kyomi, quien a duras penas logró esquivar el mordisco mortal que buscaba su yugular.
Kyomi: ¡¡Espera, amigo, detente!! ¡¡No tenemos que hacer esto, podemos resolverlo de forma pacífica si te calmas!! —gritó ella, tratando de usar su capacidad de comunicación—.
Giganotosaurus: ¡No! Tú, lo que sea que seas, no vas a engañarme. Acabo de revivir de entre los muertos y te aseguro que no moriré de nuevo por culpa de nadie —respondió el carnívoro con una voz cargada de rencor—.