Izuku y el Spinosaurus se abalanzaron el uno contra el otro con una violencia sísmica; al chocar, el estruendo de sus cuerpos impactando resonó como un trueno en todo el claro, obligando a ambos depredadores a retroceder varios metros para no perder el equilibrio. Una vez recuperados tras unos tensos segundos de observación, el Spinosaurus emitió un sonido gutural, una especie de siseo vibrante similar al gruñido de un cocodrilo que hizo erizar la piel de las raptoras ocultas.
Acto seguido, le rugió a Izuku con una potencia que sacudió la vegetación circundante, a lo que el peliverde, lejos de amedrentarse, le devolvió el rugido con una ferocidad que demostraba que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder ni un centímetro de territorio.
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Sin perder un instante, Izuku se adelantó con una agilidad sorprendente para su tamaño actual, anticipándose al movimiento del coloso. Con un giro preciso de su cuello, logró cerrar sus grandes mandíbulas en la garganta del Spinosaurus, atrapándolo en una presa que tomó al gigante por sorpresa.
Aprovechando el impulso y la fuerza de sus poderosas patas traseras, Izuku empujó al Spinosaurio hacia una zona densa cerca de los árboles, logrando finalmente derribar a su rival contra el suelo lodoso. El gran depredador mostraba una expresión de genuina sorpresa en sus ojos amarillentos; no esperaba que un adversario más pequeño tuviera la técnica necesaria para someterlo de esa manera tan directa.
Sin embargo, el desconcierto del gigante duró poco. Tras unos segundos, sus instintos de superdepredador se reactivaron con furia; le gruñó violentamente a Izuku mientras comenzaba a forcejear para levantarse, golpeando con su pesada cola un árbol joven y derribándolo en el proceso mientras el peliverde mantenía los dientes clavados con terquedad en su cuello. Ambos dieron una vuelta completa en el suelo debido al brutal forcejeo, levantando nubes de tierra y hojas secas, hasta que finalmente el Spinosaurus logró zafarse de las mandíbulas de Izuku con un tirón desesperado.
El gigante intentó morderlo de inmediato, pero Izuku, moviéndose con una sabiduría táctica impresionante, se echó hacia atrás justo a tiempo, haciendo que las fauces del rival solo atraparan el aire.
Izuku: —soltó un pequeño rugido que sonaba casi como una burla dirigida al Spinosaurus, mientras este último se quedaba unos segundos apoyado a cuatro patas para recuperar la estabilidad—.
Ambos volvieron a abalanzarse el uno contra el otro, esta vez manteniendo sus cuellos protegidos para evitar otra presa mortal. Izuku lanzó una dentellada hacia la vela dorsal del gigante que falló por centímetros, pero logró clavar sus colmillos con fuerza en el costado del Spinosaurus. Debido a la posición de sus cuerpos, el cuello de Izuku quedaba fuera del alcance de las mandíbulas del rival, dándole una ventaja momentánea. Sin embargo, el Spinosaurus no se quedó de brazos cruzados y lanzó un zarpazo veloz con sus garras delanteras hacia la pierna derecha de Izuku; aunque la herida no fue profunda, el dolor fue suficiente para obligar al Gorgosaurus a soltar su agarre y alejarse unos pasos para evaluar el daño.