Desde el avistamiento de la pareja en el vasto océano, la UA ha incrementado sus protocolos de seguridad y se mantiene en un estado de alerta máxima, aunque, en realidad, no tienen motivos genuinos para una preocupación inmediata. Izuku y Aiko no tienen la más mínima intención de atacarlos, sumado al hecho de que se encuentran geográficamente muy alejados de los terrenos de la academia; en este momento, sus prioridades están centradas exclusivamente en la protección de sus futuras crías.
Hablando de descendencia, los directivos de la UA cometieron el error de no prestar suficiente atención a los Compsognathus Gen 2 que residen en sus instalaciones; olvidaron por completo que el grupo estaba conformado por dos hembras y un macho. Como se mencionó anteriormente, el instinto biológico de la época de apareamiento no perdona, y ahora la academia se enfrenta a la inminente llegada de un total de doce crías de Compsognathus. Será una escena hermosa, sin duda, pero representará un reto logístico que tendrán que gestionar con cuidado si desean evitar una sobrepoblación descontrolada en el campus.
Mientras tanto, volviendo con nuestra pareja protagonista, nos enfocamos en Izuku, quien se encontraba patrullando el denso bosque en busca de una reserva considerable de alimento. Se movía con la imponente forma de un Spinosaurus, rompiendo la maleza con sus pasos pesados pero calculados. La razón de su recolección intensiva era clara: al día siguiente, sus crías finalmente romperían el cascarón, y él quería asegurar una despensa lo suficientemente vasta como para no tener que abandonar la seguridad de su "Casa Cueva" durante los primeros días de vida de los pequeños.
Sin embargo, mientras avanzaba, sus sentidos captaron un aroma que no encajaba con la fauna local; un olor rancio y reptiliano que lo hizo detenerse. De repente, un sonido sibilante y el batir de alas coriáceas lo obligaron a levantar la mirada hacia el cielo, presenciando algo sumamente extraño para ese ecosistema y para el mundo salvaje moderno.
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Izuku: (¿Qué demonios está pasando aquí? Esos son Pteranodones... ¿Por qué hay ejemplares de esa especie volando libres en esta zona?) —pensó con una confusión evidente mientras seguía con la vista el planeo de las criaturas—.
Buscando una mejor perspectiva, Izuku regresó momentáneamente a su forma humana y comenzó a trepar a uno de los cedros más altos con una agilidad prodigiosa. Utilizó las garras de sus manos y pies en combinación con su cola para impulsarse, alcanzando la copa del árbol en cuestión de segundos. Desde las alturas, afinó la vista y observó hacia dónde se dirigía el reptil volador; vio que descendía hacia las formaciones montañosas cercanas.